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LA FAMILIA
UNA PROCLAMACIÓN PARA EL MUNDO
LA
PRIMERA PRESIDENCIA Y EL CONSEJO DE LOS DOCE APÓSTOLES
DE LA
IGLESIA DE JESUCRISTO DE LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS
El
presidente Gordon B. Hinckley leyó esta proclamación como parte de
su mensaje en la Reunión General de la Sociedad de Socorro, el 23 de
septembre de 1995, en Salt Lake City, Utah, E.U.A.
El presidente McKay
enseñó que nuestra existencia terrenal no es
más que una prueba
para ver si optaremos por seguir y cultivar
nuestra naturaleza
carnal o nuestra naturaleza espiritual.

El presidente McKay fue siempre bondadoso
y respetuoso hacia
los que profesaran otra fe, y
elogiaba las buenas obras de
todas las religiones. No obstante,
era firme en su testimonio de
que la plenitud del Evangelio se encuentra solamente en La
Iglesia de Jesucristo de los Santos
de los Últimos Días. Para enseñar
la importancia de obedecer los principios y las ordenanzas
del Evangelio, se refería a los miembros de la Iglesia como
ciudadanos de un gran reino:
“Todas las iglesias y todos los
credos contienen algo bueno que
señala hacia el reino de nuestro Padre, pero para llegar a ser
ciudadano de ese reino, toda
persona debe ceñirse a los
requisitos exigidos por el Rey.
Ciertamente, no hay más que
n camino por el cual se puede
entrar en la Iglesia de Jesucristo,
y es el camino indicado por
Jesucristo mismo, el Señor:
‘Yo soy el camino, y la verdad,
y la vida; nadie viene al Padre,
sino por mí’ (Juan 14:6).
“Los medios para obtener la ciudadanía en
la Iglesia de
Jesucristo son tan explícitos,
tan claros, que es sorprendente
que haya tanta gente
aparentemente inteligente e
instruidaque... [suponga] que
puede entrar por algún otro
medio.“Hay solamente uno que
tiene el derecho de prescribir los
medios para lograr la salvación humana, y, sin duda, Él no
hablaría
sin sentido cuando dijo lo que es necesario para lograr la
ciudadanía en Su reino. “Fíjense en lo explícitas que son Sus
palabras: ‘...el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino
de Dios’ [Juan 3:3]
Y como explicación de esas
palabras aparentemente
enigmáticas a Nicodemo,
el Maestro continuó diciendo:
“...el que no naciere de agua y
del Espíritu, no puede entrar
en el reino de Dios’ [Juan 3:5].
“Obviamente Pedro, el Apóstol principal, dio importancia a
ese requisito como medio esencial de obtener no sólo la
ciudadanía
en la Iglesia, sino también la salvación en el reino de Dios,
porque cuando la multitud
conmovida imploró: Varones hermanos, ¿qué
haremos?
[Hechos 2:37], él les respondió
de esta manera:
“ ‘Arrepentíos, y bautícese cada
uno de vosotros en el nombre
de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don
del
Espíritu Santo’ (Hechos 2:38).
Así se dan los cuatro requisitos,
los cuatro principios y ordenanzas esenciales, la obediencia a
los
cuales es indispensable para ser miembro de la Iglesia de Cristo:
[a saber], fe, arrepentimiento, bautismo y la recepción del
Espíritu Santo...
“Se señalan muchos caminos
como conducentes al reino de
Dios, pero no hay más que una
puerta a través de la cual se
pueda entrar y así lograr la
ciudadanía en él. Cristo lo indicó
claramente cuando estaba entre
los hombres; y lo ha revelado
otra vez por medio del profeta
José Smith. Ese camino es
sencillo y fácil de encontrar,
y tan sublime como eterno.
“Hay muchos caminos... que conducen a la gente sincera
hacia la Iglesia y el reino de Dios, pero
los que deseen participar
en los privilegios y bendiciones
de esa ciudadanía deben
obedecer los principios y las ordenanzas
del Evangelio de Jesucristo.

En un discurso que pronunció en
una conferencia general de 1949,
el presidente McKay hizo el
siguiente relato:
“Hay una vieja historia... que
cuenta la
experiencia de un gran artista que fue contratado para
pintar un mural en
la catedral
de un pueblo
siciliano.
El tema era la vida
de Cristo.
Durante muchos años
el artista trabajó diligentemente y, al fin,
la obra estaba casi
terminada,
con excepción de
las dos figuras
más importantes: el
Niño Cristo y
Judas Iscariote,
para los cuales buscó modelos por todos lados.
“Un día, mientras recorría una
parte vieja de la
ciudad, vio unos niños que jugaban en la calle;
entre ellos había
uno de doce
años cuyo rostro
conmovió de
corazón al pintor:
era el semblante
de un ángel, muy
sucio tal vez, pero exactamente la cara que buscaba.
“El artista llevó consigo al
muchachito, que día
tras día permaneció pacientemente
sentado hasta que
el rostro del
Niño Cristo quedó
terminado.
“ No obstante, el pintor no pudo encontrar un modelo para la
figura
de Judas. Temeroso
de que su
obra maestra
quedara inconclusa, continuó su búsqueda durante
varios años.
“Una tarde, en una taberna, vio
entrar a una figura
escuálida y andrajosa que se tambaleó al atravesar la puerta y
cayó al suelo, implorando un vaso de vino.
El pintor lo
levantó y quedó horrorizado al ver su rostro,
que parecía llevar
las marcas
de todos los
pecados del
ser humano. “
“Ven conmigo”,
le dijo. “Yo te daré vino, comida y ropa”. “ ‘Por fin había
encontrado el modelo para Judas. Durante muchos días y parte de
muchas noches el pintor trabajó febrilmente para terminar su
obra maestra. “ Al avanzar la obra, hubo
un cambio en el
modelo: una
extraña ansiedad
reemplazó al letárgico estupor anterior, y sus
ojos inyectados en
sangre permanecían fijos con horror en
la pintura que lo
representaba.
Un día, dándose
cuenta de la agitación que invadía a su modelo,
el pintor hizo una
pausa en el
trabajo y le dijo:
“Hijo mío, quisiera ayudarte. ¿Qué te inquieta tanto?”.
“ ‘El hombre rompió en sollozos y
hundió la cara en
las manos;
después de un
momento, levantó
los ojos de mirada
implorante
hacia el viejo pintor.“
“Entonces, ¿usted
no se acuerda de mí? Hace años ¡yo fui su modelo
para el Niño Cristo!”’
Después de haberlo contado,
el presidente McKay
dijo:
“Bueno, el relato puede ser verídico
o ficción, pero la
lección
que enseña es la realidad de la
vida. Aquel hombre
disoluto
había tomado una mala decisión
en su adolescencia
y, buscando
el placer de lo carnal, se había hundido cada vez más hasta
revolcarse en la inmundicia.
El maestro
Érase una vez un maestro que hablaba a un grupo de gente y su
mensaje resultaba tan maravilloso que todas las personas que
estaban allí reunidas se sintieron
conmovidas por sus palabras de amor. En medio de esa multitud,
se encontraba un hombre que
había escuchado todas las
palabras que el maestro había pronunciado.
Era un hombre muy humilde y de gran corazón, que se sintió tan
conmovido por las
palabras del maestro que sintió
la necesidad de invitarlo a su hogar.
Así pues, cuando el maestro
acabó de hablar, el hombre se
abrió paso entre la multitud,
se acercó a él y, mirándole a los
ojos, le dijo: «Sé que está muy ocupado y
que todos requieren su atención. También sé que casi no dispone
de tiempo ni para
escuchar mis palabras, pero mi corazón se siente tan libre y es
tanto el amor que siento por usted
que me mueve la necesidad de invitarle a
mi hogar. Quiero
prepararle la mejor de las
comidas. No espero que acepte,
pero quería que lo supiera».
El maestro le miró a los ojos,
y con la más bella de las
sonrisas, le contestó:
«Prepáralo todo. Iré». Entonces,
el maestro se alejó.
Al oír estas palabras el corazón
del hombre se sintió lleno de júbilo.
A duras penas podía esperar a
que llegase el momento de servir
al maestro y expresarle el amor
que sentía por él. Sería el día
más importante de su vida: el
maestro estaría con él. Compró
la mejor comida y el mejor vino y buscó las ropas más preciosas
para ofrecérselas como regalo. Después
corrió hacia su casa a
fin de llevar a cabo todos los
preparativos para recibir al
maestro. Lo limpió todo, preparó
una comida deliciosa y decoró bellamente
la mesa. Su corazón estaba rebosante de alegría
porque el maestro pronto estaría
allí. El hombre esperaba
ansioso cuando alguien llamó
a la puerta. La abrió con afán
pero, en lugar del maestro, se encontró con una anciana. Ésta
le miró a los ojos y le dijo:
«Estoy hambrienta.
¿Podrías darme un trozo de pan?».
El se sintió un poco decepcionado
al ver que no se trataba del
maestro. Miró a la mujer y le dijo:
«Por favor, entre en mi casa». La sentó en
el lugar que había
preparado para el maestro y le
ofreció la comida que había
cocinado para él. Pero estaba
ansioso y esperaba que la
mujer se diese prisa en acabar
de comer. La anciana se sintió
conmovida por la generosidad de
este hombre. Le dio las gracias y
se marchó. Apenas hubo acabado
de preparar de nuevo la mesa
para el maestro cuando alguien
volvió a llamar a su puerta. Esta
vez se trataba de un desconocido
que había viajado a través del desierto.
El forastero le miró y
le dijo: «Estoy sediento. ¿Podrías
darme algo para beber?».
De nuevo se sintió un poco decepcionado porque no se
trataba del maestro, pero aun así, invitó
al desconocido a entrar en
su casa, hizo que se sentase en
el lugar que había preparado
para el maestro y le sirvió el vino
que quería ofrecerle a él. Cuando
se marchó, volvió a preparar de
nuevo todas las cosas.
Por tercera vez, alguien llamó a
la puerta, y cuando la abrió, se encontró
con un niño. Éste elevó
su mirada hacia él y le dijo: «Estoy
congelado. ¿Podría darme una
manta para cubrir mi cuerpo?».
Estaba un poco decepcionado
porque no se trataba del maestro, pero
miró al niño a los ojos y
sintió amor en su corazón. Rápidamente
cogió las ropas que había comprado para el maestro
y le cubrió con ellas. El niño le
dio las gracias y se marchó.
Volvió a prepararlo todo de nuevo
para el maestro y después se
dispuso a esperarle hasta
que se hizo muy tarde. Cuando comprendió
que no acudiría se
sintió decepcionado, pero lo
perdonó de inmediato. Se dijo a
sí mismo: «Sabía que no podía
esperar que el maestro viniese
a esta humilde casa. Me dijo que
lo haría, pero algún asunto de
mayor importancia lo habrá
llevado a cualquier otra parte.
No ha venido, pero al menos
aceptó la invitación y eso es
suficiente para que mi corazón
se sienta feliz».
Entonces, guardó la comida y
el vino y se acostó. Aquella noche soñó
que el maestro le hacía
una visita. Al verlo, se sintió feliz
sin saber que se trataba de un
sueño. «¡Ha venido maestro!
Ha mantenido su palabra.»
El maestro le contestó:
«Sí, estoy aquí, pero estuve aquí antes.
Estaba hambriento y
me diste de comer. Estaba
sediento y me ofreciste vino.
Tenía frío y me cubriste con
ropas. Todo lo que haces porlos demás, lo haces por mí».
El hombre se despertó con el
corazón rebosante de dicha
porque había comprendido la enseñanza del
maestro. Lo
amaba tanto que había enviado
a tres personas para que le transmitiesen
la lección más
grande: que él vive en el interior
de todas las personas. Cuando
das de comer al hambriento,
de beber al sediento y cubres
al que tiene frío, ofreces
tu amor al maestro.
NOSOTROS,
LA PRIMERA PRESIDENCIA y el Consejo
de los Doce Apóstoles de La
Iglesia de Jesucristo de los
Santos de los Últimos Días,
solemnemente proclamamos que
el matrimonio entre el
hombre y la mujer es ordenado por
Dios
y que la familia es la parte central del plan del Creador
para
el destino eterno de Sus hijos.
TODOS
LOS SERES HUMANOS, hombres y mujeres,
son creados a la imagen de
Dios. Cada uno es un amado hijo
o hija espiritual de padres
celestiales y, como tal, cada uno
tiene
una naturaleza y un destino divinos. El ser hombre
o mujer es una
característica esencial de la identidad y el propósito
eternos
de los seres humanos en la vida premortal, mortal,
y eterna.
EN LA VIDA PREMORTAL, los
hijos y las hijas espirituales
de Dios lo conocieron y lo
adoraron como su Padre Eterno,
y aceptaron Su plan por el
cual obtendrían un cuerpo físico y
ganarían
experiencias terrenales para progresar hacia la perfección
y finalmente cumplir su
destino divino como herederos
de la vida eterna. El plan
divino de felicidad permite que
las
relaciones familiares se perpetúen más allá del sepulcro.
Las ordenanzas y los
convenios sagrados disponibles en los
santos
templos permiten que las personas regresen a la presencia
de Dios y que las familias
sean unidas eternamente.
EL PRIMER MANDAMIENTO que
Dios les dio a Adán
y a Eva tenía que ver con
el potencial que, como esposo y
esposa,
tenían de ser padres. Declaramos que el mandamiento
que
Dios dio a sus hijos de multiplicarse y henchir la tierra
permanece
inalterable. También declaramos que Dios ha
mandado
que los sagrados poderes de la procreación se deben
utilizar
sólo entre el hombre y la mujer legítimamente
casados,
como esposo y esposa.
DECLARAMOS
que la forma por medio de la cual se crea la
vida
mortal fue establecida por decreto divino. Afirmamos la
santidad
de la vida y su importancia en el plan eterno de Dios.
EL ESPOSO Y LA ESPOSA
tienen la solemne responsabilidad
de amarse y cuidarse el uno
al otro, y también a sus hijos.
“He aquí, herencia de
Jehová son los hijos” (Salmos 127:3).
Los
padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus
hijos
dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades
físicas y
espirituales, de enseñarles a amar y a servirse el
uno al
otro, de guardar los mandamientos de Dios y de ser
ciudadanos respetuosos de la ley dondequiera que vivan. Los
esposos y
las esposas, madres y padres, serán responsables ante
Dios del
cumplimiento de estas obligaciones.
LA
FAMILIA es ordenada por Dios. El matrimonio entre el
hombre y
la mujer es esencial para Su plan eterno. Los hijos
tienen el
derecho de nacer dentro de los lazos del matrimonio,
y de ser
criados por un padre y una madre que honran sus promesas
matrimoniales con fidelidad completa. Hay más posibilidades
de lograr
la felicidad en la vida familiar cuando se basa
en las
enseñanzas del Señor Jesucristo. Los matrimonios y las
familias
que logran tener éxito se establecen y mantienen
sobre los
principios de la fe, la oración, el arrepentimiento,
el perdón,
el respeto, el amor, la compasión, el trabajo y las
actividades recreativas edificantes. Por designio divino, el
padre
debe presidir sobre la familia con amor y rectitud
y tiene
la responsabilidad de protegerla y de proveerle las
cosas
necesarias de la vida. La responsabilidad primordial de la
madre es
criar a los hijos. En estas responsabilidades sagradas,
el padre
y la madre, como iguales, están obligados a ayudarse
mutuamente. Las incapacidades físicas, la muerte u otras
circunstancias pueden requerir una adaptación individual.
Otros
familiares deben ayudar cuando sea necesario.
ADVERTIMOS a las personas que violan los convenios
de
castidad,
que abusan de su cónyuge o de sus hijos, o que no
cumplen
con sus responsabilidades familiares, que un día deberán
responder
ante Dios. Aún más, advertimos que la desintegración
de la
familia traerá sobre el individuo, las
comunidades y las naciones las calamidades predichas por
los
profetas antiguos y modernos.
HACEMOS UN LLAMADO a los ciudadanos responsables
y a los
representantes de los gobiernos de todo el mundo a fin
de que
ayuden a promover medidas destinadas a fortalecer la
familia y
mantenerla como base fundamental de la sociedad.
Jesucristo: “El camino, y la verdad, y la vida”
Si el hombre desea conocer el verdadero
propósito de la
vida, debe vivir por algo que sea superior a sí mismo,
y escuchar la voz del Salvador, diciendo:
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida...” (Juan 14:6)
Cristo es la Luz de la humanidad.
Cristo es la Luz de la humanidad. Alumbrado por esa luz,
el
hombre puede ver claramente su camino; si la rechaza, su alma
anda a tientas en la oscuridad. Ninguna persona, ni grupo ni
nación puede alcanzar el verdadero éxito sin seguir a Aquel
que dijo:
“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas,
sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).
Es lamentable cuando se ve que las personas, individualmente,
y las naciones, extinguen esa luz, cuando Cristo y Su Evangelio
son reemplazados por la ley de la selva y el
poder de la espada. La
principal tragedia que enfrenta el mundo en este momento es la
incredulidad en la bondad de Dios y la falta de fe en las enseñanzas
y doctrinas del Evangelio.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días cree
que, en Su vida y Sus enseñanzas, Jesucristo revela una norma
de vida personal y de relaciones sociales que, si se pusiera en
práctica individualmente así como en las instituciones humanas,
no sólo reduciría los problemas actuales de la sociedad sino que
también traería felicidad y paz a la humanidad.
Si se dice que... las naciones supuestamente cristianas no han
podido lograr esa meta, respondemos que todo fracaso en ese
aspecto puede partir del hecho de que esas naciones han sido
negligentes en la aplicación de los principios y las enseñanzas
del verdadero cristianismo...
...La familia humana ha sufrido por las expresiones y
manifestaciones
desenfrenadas de egoísmo, odio, envidia y codicia, pasiones
animales que han conducido a la guerra, la devastación,
la pestilencia y la muerte. Si se hubieran observado aunque fuera
los principios más básicos de las enseñanzas del Salvador, se
habría cambiado la historia5.
Cuando los cristianos por todo el mundo tengan esa fe [en
Cristo] metida en la sangre, cuando sientan dentro de sí lealtad
al Cristo resucitado y a estos principios, la humanidad habrá dado
el primer gran paso hacia la paz perpetua por la que oramos
diariamente. Si lo rechazan a Él, el mundo estará lleno de odio
y empapado en sangre por continuas guerras6.
El Evangelio de Jesucristo es el crisol en el que se extinguen
el odio, la envidia y la codicia, y permanecen la buena voluntad,
la bondad y el amor como las íntimas aspiraciones por las que el
hombre verdaderamente vive y edifica.
Que los hombres y las mujeres de todas partes mantengan su
mirada puesta en Aquel que siempre irradia luz hacia todo el
mundo, porque Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida, el único
Guía seguro hacia ese refugio de paz por el cual oran fervientemente
personas de toda la tierra.
Cristo enseñó y ejemplificó el camino hacia
la vida ideal entre nuestros semejantes.
“¿Cómo... podemos saber el camino?”, preguntó Tomás, mientras
se hallaba sentado a la mesa con sus compañeros apóstoles
y con el Señor, después de la cena, la memorable noche de la
traición. Y la respuesta divina de Cristo fue: “Yo soy el camino, y
la verdad, y la vida...” (Juan 14:5–6). ¡Y así es! Él es la fuente
de
nuestro consuelo, la inspiración de nuestra vida, el Autor de
nuestra salvación. Si deseamos saber cuál es nuestra relación
con Dios, recurrimos a Jesucristo. Si queremos conocer la verdad
de la inmortalidad del alma, la tenemos ejemplificada en la
resurrección del Salvador.
Si anhelamos encontrar la vida ideal para llevarla entre nuestros
semejantes, tenemos el ejemplo perfecto en la vida de Jesús.
Cualesquiera sean los deseos nobles que sintamos, las elevadas
aspiraciones que tengamos o nuestros ideales en cualquier fase
de la vida, podemos dirigir nuestra mirada a Cristo y encontrar
en Él la perfección. Por eso, si buscamos la norma de moral para
la virilidad, no tenemos más que ir al Hombre de Nazaret y en
Él encontraremos todas las virtudes que caracterizan al hombre
perfecto.
Las virtudes que se combinan para formar ese carácter perfecto
son la verdad, la justicia, la sabiduría, la benevolencia y el
autodominio.
Cada uno de Sus pensamientos, Sus palabras y Sus
hechos estaban en armonía con la ley divina y, por lo tanto, eran
la verdad. El canal de comunicación entre Él y el Padre estaba
constantemente abierto, por lo que la verdad, que se respalda en
la revelación, siempre le resultaba conocida8.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días acepta
como verdad literal las palabras de Jesús cuando dijo: “...he venido
para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”
(Juan 10:10). Sin embargo, creemos que esa vida abundante se
obtiene no sólo mediante la exaltación espiritual sino también al
aplicar a la vida cotidiana los principios que Jesús enseñó.
Esos principios son pocos y sencillos, y cualquier persona
normal puede aplicarlos, si así lo desea. El primero, y el
fundamento
sobre el cual se basa una sociedad
verdaderamente cristiana,
es: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con
toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas...”
(Marcos 12:30). Es una creencia en un Ser Supremo que vive y
ama a Sus hijos, una creencia que da fuerza y vigor al alma; es la
seguridad de que podemos acercarnos a Él en busca de guía y
que Él se manifestará a aquellos que lo busquen.
Otro es la aceptación de la verdad de que la vida es un don
de Dios y por lo tanto, es divina. El uso apropiado de este don
impulsa al hombre a ser el amo y no el esclavo de la naturaleza;
debe dominar sus apetitos y utilizarlos en beneficio de su salud
y de la prolongación de la vida; debe encauzar y dominar sus
pasiones
por la felicidad y la bendición de los demás y
para perpetuar la raza.
Un tercer principio es la integridad personal. Esto significa
una honradez, una moderación sencillas y comunes, y respeto
por los derechos de los demás, hasta el punto de merecer la
confianza
de nuestros semejantes. Lo anterior se aplica a las naciones igual
que a los individuos; es tan malo que una
nación, a causa de su poder,
robe y oprima a otra, como lo es que una
persona robe y mate a su vecino.
Un cuarto elemento esencial es la conciencia social que despierta
en toda persona la idea de que tiene el deber de mejorar el mundo.
La vida del Salvador se guió principalmente por... la pureza
individual y el servicio. Él se mantuvo sin mancha del mundo y
dedicó Su vida a la consideración que tenía por los demás y a la
salvación de la familia humana. Siempre estaba protegiendo a
los oprimidos, consolando a los enfermos, sanando a los mutilados
e incapacitados y dando Su vida por el mundo.
Existe una imperante necesidad de que haya un cambio drástico
en la forma en que los hombres se tratan los unos a los
otros. En la historia del mundo, nunca ha habido una época en
que fuera tan esencial un cambio para mejorar en ese sentido.
Y, puesto que el rechazo de las enseñanzas de Cristo ha dado
como resultado el desastre una y otra vez, con sólo algún período
temporario de paz y progreso, no debería haber razón
alguna para que la gente no estuviera
dispuesta a substituir su
egoísta arrogancia con los principios cristianos de consideración
fraternal, de trato justo, del valor y la santidad de la vida
humana, de la virtud de perdonar, de la condenación del pecado
de hipocresía y codicia, del poder salvador del amor.
Los miembros de la Iglesia de Cristo tienen la obligación de
convertir en ideal suyo al Hijo del Hombre sin pecado, el único
ser perfecto que ha vivido sobre la tierra; el ejemplo más sublime
de nobleza; semejante a Dios en Su naturaleza; perfecto en
Su amor; nuestro Redentor, nuestro Salvador; el Hijo inmaculado
de nuestro Padre Eterno; la Luz, la Vida, el Camino”.
Yo acepto a Jesucristo como la personificación misma de la
perfección humana.
Las
enseñanzas de Cristo se aplican a la vida cotidiana.
Creo en cada palabra que Jesús pronunció y considero que Su
enseñanza se aplica a mi vida y a la de toda persona. Si tenemos
en cuenta el hecho de que somos hijos de nuestro Padre
Celestial, al buscar el reino de Dios, primero, somos conscientes
de una nueva meta en nuestra vida... Sólo entregando por completo
nuestra vida interior podremos elevarnos por encima de la
egoísta y sórdida fuerza de la naturaleza...
Durante casi dos mil años, el hombre las ha considerado [las
enseñanzas de Cristo] impracticables, diciendo que son demasiado
idealistas; pero si creemos sinceramente en la divinidad de
Cristo, en que Él es “el camino, y la verdad, y la vida” (véase Juan
14:6),
no podemos al mismo tiempo dudar que sea
posible aplicar
sus enseñanzas a la vida cotidiana.
Es cierto que existen problemas muy graves para resolver: el
mal de la miseria, los constantes conflictos entre el sector laboral
y el inversionista, el alcoholismo, la prostitución, los odios
internacionales,
y un sinfín de otros asuntos de actualidad. Pero si
se obedece, el llamado de Cristo para que haya integridad personal,
honor, justicia en los tratos y amor es fundamental para
solucionar todas esas dificultades sociales y económicas
Sin duda, antes de que el mundo trate siquiera
de acercarse a
esos ideales, el corazón del hombre debe cambiar. Cristo vino al
mundo precisamente con ese propósito. La razón principal de
predicar el Evangelio es cambiar el corazón y la vida de las
personas...
Los que se han convertido... pueden testificar de la forma en que la
conversión les cambió la vida... Al
convertirse, la gente brinda al
mundo paz y buena voluntad en lugar de
conflictos [y] sufrimiento.
Como primer paso... debemos aplicar de verdad la sencilla enseñanza
de ponernos en el lugar de la otra persona,
que es el medio más
seguro de evitar la amargura característica de
los malos entendidos.
El hecho de que los individuos y las naciones practicaran ese
sencillo principio haría que el mundo fuera mejor. ¡Ninguna persona
razonable podría negar eso sinceramente!
Igualmente eficaces y aplicables son Sus doctrinas con respecto
al valor y la santidad de la vida humana, a la virtud de perdonar,
a la necesidad del trato justo, así como Su condenación
del pecado de hipocresía y codicia, y Sus enseñanzas sobre el
poder salvador del amor y la inmortalidad del alma.

“Que los hombres y las mujeres de todas
partes
mantengan su mirada puesta en
Aquel que siempre irradia luz hacia todo el
mundo,
porque Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida”.
El
vivir las enseñanzas de Cristo nos lleva a mayor
grandeza y felicidad.
Nadie puede resolver sinceramente que va a aplicar a su vida
diaria las enseñanzas de Jesús de Nazaret sin notar un cambio en
su naturaleza. La frase “nacer de nuevo” tiene un significado más
profundo que el que muchas personas le dan. Ese cambio en el
sentimiento puede ser indescriptible, pero es real.
Feliz la persona que verdaderamente haya sentido el poder
ennoblecedor y transformador que proviene de acercarse de ese
modo al Salvador, de tener esa intimidad con el Cristo viviente.
Estoy agradecido de saber que Cristo es mi Redentor.
El más elevado de todos los ideales lo componen las enseñanzas
y particularmente la vida de Jesús de Nazaret, y el hombre
que se asemeje más a Él será verdaderamente grande.
Lo que pensemos sinceramente de Cristo
determinará lo que
seamos y, en gran parte, cómo han de ser nuestras acciones.
Nadie que estudie esa Personalidad divina o acepte Sus enseñanzas
puede dejar de reconocer que surge dentro de sí una influencia
ennoblecedora y refinadora.
Cuando lo elegimos a Él como nuestro ideal, creamos dentro
de nosotros un deseo de ser como Él, de lograr hermandad con
Él, y percibimos la vida como debe y puede ser.
Él no prometió recompensas materiales sino que prometió al
hombre la perfección y la divinidad... “Sed... perfectos, como
vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” [véase Mateo5:48].
Y con esa divinidad viene la felicidad
resultante, la verdadera felicidad.
El Evangelio, las alegres nuevas de gran gozo, es la guía certera
para la humanidad; y el hombre o la mujer que vivan más de
acuerdo con sus enseñanzas, que son la antítesis del odio, la
persecución,
la tiranía, el dominio y la injusticia, todas las cuales
siembran tribulación, destrucción y muerte por todo el mundo,
serán los más felices y contentos. Lo que es el sol en el cielo azul
para la tierra que lucha por librarse de las garras del invierno,
así
es también el Evangelio de Jesucristo para las almas atribuladas
que anhelan algo más elevado y mejor que lo que el hombre ha
encontrado hasta ahora en la tierra.
En qué gloriosa condición se encontrará este viejo mundo
cuando con sinceridad pueda decir a Cristo, el Redentor de la
humanidad:
“Todos te buscan” (Marcos 1:37). Entonces dejarán de
existir el egoísmo, la envidia, el odio, la mentira, el robo, la
estafa,
la desobediencia, la contención y las luchas entre las naciones.
Celebramos el nacimiento de Aquél por cuya misión en la tierra:
(1) se glorifica a Dios; (2) se promete la paz; y (3) se asegura
a los hombres la buena voluntad de Dios hacia ellos.
Si toda persona que nace en el mundo tuviera esos tres gloriosos
ideales como faro para su vida, ¡cuánto más dulce y feliz
sería la existencia! Con esa meta, todos procurarían lo que es puro,
justo, honorable, virtuoso y verdadero, todo lo que lleva a la
perfección... Rechazarían lo que es impuro, deshonroso y vil.
Si toda persona deseara demostrar buena
voluntad hacia sus semejantes,
y se esforzara por expresar ese deseo en un sinfín de
palabras bondadosas y de pequeños actos que reflejaran la abnegación
y el sacrificio, ¡qué inmensa contribución haría a la paz
universal en la tierra y a la dicha de la humanidad!.
Cuánto más placentero sería este mundo si, por ejemplo, el
hombre se esforzara anhelosamente por aplicar el siguiente consejo
de Cristo: “Si tienes algo contra un hermano, ve a él” [véase
Mateo 5:23–24]. O esta amonestación: “Busca primero el
reino de Dios y su justicia” [véase Mateo 6:33], lo que
sencillamente
significa que no debemos afanarnos por las cosas del
mundo hasta el punto de darles un valor superior al de los logros
espirituales.
Considero, y sé que es así, que por Él, y solamente por medio
de Él, y por la obediencia al Evangelio de Jesucristo, podremos
encontrar la felicidad y la salvación en este mundo así como la
vida eterna en la vida venidera

La resurrección literal del
sepulcro era una realidad para los discípulos
que conocían íntimamente a Cristo... ellos... fueron testigos del
hecho.
Así como Cristo vive después de haber muerto,
también todas las personas vivirán,
y cada una de ellas tomará en el mundo venidero
el lugar para el cual se haya preparado mejor.
Cómo vencer la tentación
"Resistan al diablo, y huirá de
ustedes.
Pónganse a jugar con él y pronto tendrán cadenas,
no en las muñecas sino en el alma."
“Ruego a Dios que continúe
bendiciéndolos… No permitan que
la tentación los desvíe del camino”
Debemos protegernos y proteger a
nuestra familia
de la influencia del adversario.
Los árboles que soportan de pie la
fuerza de un huracán muchas
veces se dejan vencer por plagas que apenas se pueden distinguir
con un microscopio. Así también, actualmente los peores
enemigos de la humanidad son las influencias sutiles y a veces
invisibles que existen entre la sociedad y que están minando a
hombres y mujeres en nuestros días. Después de todo, la prueba
de la fe y la eficacia del pueblo de Dios es algo individual.
¿Qué hace la persona?
Toda tentación que enfrentemos nos llega en tres formas:
(1) La tentación de un
apetito o pasión.
(2) El ceder al orgullo, la moda o la vanidad.
(3) El deseo de riquezas y poder y de dominio sobre
tierras o posesiones terrenales.
Esas tentaciones se nos presentan en
nuestras reuniones sociales,
en nuestras luchas políticas; se nos presentan en nuestras
relaciones de negocios, en la granja o en el establecimiento
comercial; en nuestra manera de tratar todos los asuntos de la
vida encontramos esas insidiosas influencias en movimiento.
Cuando éstas se manifiestan a la conciencia de la persona es
cuando la defensa de la verdad debe ponerse en acción.
La Iglesia nos enseña que esta vida es un período de probación.
El hombre tiene el deber de llegar a ser el amo y no el
esclavo de su naturaleza; debe
dominar y emplear sus apetitos
para beneficio de su salud y para la prolongación de su vida; sus
pasiones deben ser dominadas y dirigidas para felicidad y bendición
de otras personas…
Si han sido fieles a las impresiones del Santo Espíritu, y si
continúan siéndolo, su alma se llenará de felicidad. Si se desvían
de ellas y son conscientes de que han fallado en lo que saben
que es correcto, serán desdichados aun cuando posean toda la
riqueza del mundo…
En su deseo de divertirse, muchas veces los jóvenes se ven
tentados a ceder a lo que es atractivo sólo para el lado más bajo
del ser humano; cinco de los más comunes son: primero, la
vulgaridad y la obscenidad; segundo, las bebidas alcohólicas y
las caricias impúdicas; tercero, la falta de castidad; cuarto, la
deslealtad; y quinto, la irreverencia.
La vulgaridad es por lo general el primer paso para descender
al camino de la autocomplacencia. El que es vulgar ofende el
buen gusto o los sentimientos refinados.
No hay más que un paso de la vulgaridad a la obscenidad. Es
bueno para nuestros jóvenes, en realidad es esencial, que se
relacionen
en reuniones sociales; pero si para divertirse deben recurrir
a la estimulación física y a la bajeza, eso es una indicación
de falta de moralidad. Las fiestas donde se toma alcohol y se
permiten las caricias impúdicas forman un ambiente en el cual
el sentido de moral se adormece y se desatan las pasiones
desenfrenadas.
A partir de ese momento, es fácil dar el paso final
para descender a la desgracia moral.
Cuando en lugar de principios morales elevados se opta por
una vida de complacencia inmoral y el hombre o la mujer desciende
muy bajo en la escala de la degeneración, la deslealtad se
convierte en una parte inevitable de su naturaleza. Entonces, la
lealtad hacia los padres desaparece; se abandona la obediencia a
sus enseñanzas e ideales; la fidelidad a la esposa y los hijos se
ahoga por un bajo placer; y la lealtad a la Iglesia se vuelve
imposible y se substituye con las burlas a sus enseñanzas3.
La tentación se presenta a veces de [una] manera sutil. Quizás
nadie sepa que se ha cedido a ella aparte de la persona y su Dios,
pero si cede, a ese grado se vuelve
débil y queda manchada con
la maldad del mundo.
Satanás fue expulsado porque trató de reemplazar al Creador,
pero su poder todavía se manifiesta; él está activo y en estos
momentos
está tratando de influir para que se niegue la existencia de
Dios y la de Su Hijo Amado, y se niegue la eficacia del Evangelio
de Jesucristo.
El enemigo está activo; es astuto y taimado, busca cualquier
oportunidad de minar los cimientos de la Iglesia y ataca siempre
que le es posible con el fin de debilitar o destruir… Dios nos ha
dado la libertad de escoger; nuestro progreso espiritual y moral
depende del uso que hagamos de esa libertad6.
Satanás está todavía resuelto a salirse con la suya y sus emisarios
tienen hoy un poder como nunca lo han tenido a través de
los siglos. Estén preparados para enfrentar condiciones que puedan
ser difíciles, condiciones ideológicas que quizás parezcan
razonables
pero que son malignas. A fin de enfrentar esas fuerzas,
debemos depender de las impresiones del Santo Espíritu, las
cuales tenemos derecho de recibir. Esas impresiones son reales.
Dios guía a esta Iglesia. Sean fieles a ella, séanle leales. Sean
fieles y leales a su familia; protejan a sus hijos y guíenlos, no
arbitrariamente sino por medio del bondadoso ejemplo de un
padre; y de esa manera, contribuyan a la fortaleza de la Iglesia
ejerciendo el sacerdocio en su hogar y en su propia vida7.
La condición de miembro de La Iglesia de Jesucristo de los
Santos de los Últimos Días lleva consigo la responsabilidad de
vencer la tentación, de combatir el error, de mejorar el estado
mental y de cultivar el espíritu hasta que llegue a la medida de
la estatura de la plenitud de Cristo.
El adversario intenta atacar
nuestros puntos más débiles,
pero si resistimos, nos fortalecemos.
Recuerden que no pueden jugar con el Maligno. Resistan la tentación,
resistan al diablo y él huirá de ustedes [véase Santiago 4:7].
El Salvador nos dio en el monte el ejemplo más extraordinario
del mundo… En seguida de Su bautismo, fue llevado al lugar que
ahora se conoce con el nombre de
Monte de las Tentaciones.
No sé si ese es o no el lugar exacto donde estuvo y donde ayunó
durante cuarenta días; pero estuvo en un monte y después… de
cuarenta días, le apareció el Tentador, según lo que se nos relata,
y, como lo hace siempre, lo atacó en el punto que consideró sería
el más débil.
Después de que [Jesús había] ayunado, el Tentador pensó que
tendría hambre y, como ustedes recordarán, la primera tentación
empezó con un “Si” y le dijo sarcásticamente: “Si eres Hijo de
Dios” —refiriéndose al testimonio del Padre cuando había
dicho: “Este es mi Hijo amado”—, “Si eres Hijo de Dios, di que
estas piedras se conviertan en pan”. Hay allá una piedra que se
parece a una hogaza de pan judío y, debido a su apariencia, con
eso la tentación sería mucho más fuerte. La respuesta de Cristo
fue: “…No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra
que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:3–4).
La siguiente tentación también citaba un pasaje de Escritura.
Era una incitación a la vanidad, al hecho de obtener supremacía:
“Si eres Hijo de Dios, échate abajo” (desde el pináculo del templo);
“porque escrito está” (y el diablo puede citar las Escrituras
para lograr sus propósitos), “escrito está: A sus ángeles mandará
acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces
con tu pie en piedra”. Y la respuesta fue: “…No tentarás al
Señor tu Dios” (Mateo 4:6–7).
La tercera tentación fue del amor por las posesiones y el
poder. El Tentador llevó a Jesús a una montaña alta y le mostró
las cosas del mundo y el poder del mismo. En ese caso, ya no era
sarcástico en sus tentaciones; más bien, era una petición porque
la resistencia del Salvador había debilitado los poderes del
tentador.
Le mostró todo lo del mundo y le dijo: “Todo esto te daré,
si postrado me adorares”. Levantándose en la majestad de Su
divinidad, Jesús le respondió: “Vete, Satanás, porque escrito está:
Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás”. Y el Tentador
se escabulló de allí [véase Mateo 4:8–11].
Ésa es la historia de ustedes… Su momento de debilidad será
el punto en el cual el diablo trate de tentarlos, de poseerlos, y si
ustedes han debilitado más su punto débil antes de decidirse a
servir al Señor, el Adversario
aumentará esa debilidad. Resístanse
a él y tendrán más fortaleza. Entonces tratará de tentarlos en
otro punto; resístanse, y él se debilitará y ustedes se volverán
más fuertes hasta que, sea lo que sea que les rodee, puedan
decir: “Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios
adorarás, y a él solo servirás” (Lucas 4:8).
Cuando estaba con Sus discípulos poco antes de Getsemaní…
[Jesús] dijo: “Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el
mundo…
“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del
mal” (Juan 17:11, 15).
Ésa es la lección para ustedes… Están en medio de la tentación
pero, como Cristo lo hizo cuando estaba en el Monte de la
Tentación, pueden elevarse por encima de ella
Al vivir el Evangelio y ejercer el
autodominio,
recibimos gozo y paz.
Mientras el Adversario de la verdad esté libre para ejercer su
dominio en este mundo, nos veremos atacados; y la única forma
de enfrentar esos ataques es vivir de acuerdo con el Evangelio11.
Este Evangelio nos da la oportunidad de elevarnos por encima
de este viejo mundo y sus tentaciones, y, mediante el autodominio,
vivir en el espíritu que es la verdadera vida, tanto acá como en el
más allá.
Ojalá podamos darnos cuenta mejor que nunca que el dominio
de nuestras inclinaciones personales es el núcleo de la religión
cristiana y de todas las religiones. Por naturaleza, el individuo es
egoísta y se inclina a seguir sus impulsos inmediatos; para vencer
los impulsos egoístas del hombre natural, se necesita una religión
o algo que sea más elevado que el ser humano o que una sociedad
de seres humanos… El dominio de sí mismo se logra mediante la
privación de cosas pequeñas. Cristo dijo en esta expresión
particular:
“…el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda
su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16 :25).
En cualquier momento en que ustedes se olviden de ustedes
mismos y se esfuercen en beneficio de los demás, y por lograr algo
más noble y mejor, se elevan a un
plano espiritual. Si en medio
de una discusión acalorada, en el momento de sentir la tentación
de censurar a otra persona, perdemos nuestro yo egoísta
por el bien de la Iglesia de la cual somos miembros, por el bien
de la comunidad y, especialmente, por el progreso del Evangelio
de Jesucristo, seremos bendecidos espiritualmente y recibiremos
la felicidad como recompensa.
“Aunque a mis enemigos conquiste
y tenga hacienda y posición,
muy poco habré conquistado
si no tengo sumisión”.
[Autor anónimo.]
Una persona que se deje llevar por sus apetitos, ya sea en secreto
o no, tiene un carácter que no la sostendrá cuando se vea
tentada a ceder antes sus pasiones.
Los pensamientos que un hombre abrigue constantemente
determinarán sus acciones cuando se le presente la oportunidad
o esté bajo presión. Su forma de reaccionar cuando se inciten
sus apetitos e impulsos indica qué tipo de carácter tiene; en esas
reacciones se revelan su potestad para gobernarse o su servilismo
para ceder.
Las acciones que están en armonía con la ley divina y con las leyes
de la naturaleza brindan felicidad, mientras que las que están
en oposición a la verdad divina acarrean infelicidad. El hombre es
responsable no sólo de cada una de sus acciones sino también de
cada una de sus palabras y pensamientos ociosos. El Salvador dijo:
“…de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán
cuenta en el día del juicio” (Mateo 12:36).
Todo lo bueno requiere esfuerzo. Cualquier cosa que valga la
pena tener les costará esfuerzo físico y fuerza intelectual y del
alma.
“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”
(Mateo 7:7). Pero tienen que buscar, tienen que llamar. Por
otra parte, el pecado se les ofrece; camina junto a ustedes, los
tienta, los atrae, los seduce, no tienen que hacer ningún esfuerzo
en ese sentido…
Es como el gran cartel
de propaganda que los invita
a beber y a fumar; es
como el mensaje que entra en su hogar por
la televisión y la
radio…
El
mal los busca, y se requiere
esfuerzo y entereza para combatirlo.
Pero la verdad y la sabiduría se obtienen sólo si se buscan,
si
se ora al respecto y si se hace el esfuerzo.
Recordemos siempre que la vida es, en gran parte, lo que
nosotros hagamos de ella; y que el Salvador de la humanidad ha
marcado claramente la forma de lograr gozo y paz. Ésta se encuentra
en el Evangelio de Jesucristo y en nuestra fidelidad a él.
Que al procurar establecer mejor el reino de Dios, Él nos conceda
que enseñemos a nuestros jóvenes y a los miembros de la
Iglesia en todas partes a resistir las tentaciones que debilitan el
cuerpo, que destruyen el alma, a fin de que sintamos el verdadero
arrepentimiento que sentimos al entrar en las aguas del
bautismo; que podamos sentirnos renovados en el verdadero
sentido de la palabra, nacer de nuevo; que nuestra alma pueda
deleitarse en la luz del Santo Espíritu y que podamos avanzar
como verdaderos miembros de la Iglesia de Jesucristo hasta
completar nuestra misión en la tierra.

Están en medio de la tentación
pero, como Cristo
lo hizo cuando estaba en el Monte
de la Tentación,
pueden elevarse por encima de ella.
La primera visión de José Smith
reveló gloriosas
verdades sobre Dios el Padre y Jesucristo.
Los descubrimientos y las invenciones de la última mitad del
siglo [diecinueve] han sido de tan largo alcance y significado
que nos abruman… Pero ninguno de ellos ha respondido a la
necesidad y al anhelo mayor del
hombre; ninguno ha revelado
todavía aquello que el hombre ha buscado a través de las edades.
Esa necesidad —ese anhelo siempre presente en el corazón
humano— es conocer a Dios y saber la relación que el hombre
tiene con Él… Sólo un acontecimiento del siglo diecinueve afirma
poder dar esa respuesta al alma humana. Si en él encuentra
el hombre la verdad que la raza humana siempre ha estado buscando,
¡entonces ciertamente merece que se le distinga como el
acontecimiento más extraordinario del siglo diecinueve!
Tal acontecimiento fue la aparición de dos Seres celestiales al
joven profeta José Smith, revelando la identidad de Dios el Padre
y de Su Hijo Jesucristo, respectivamente, como Personas.
Mil ochocientos años después de que Jesús murió en la cruz, el
profeta José Smith declaró que el Señor resucitado se le había
aparecido:
[Él dijo]; “…vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo
fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló,
llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi
Hijo Amado: ¡Escúchalo!” [José Smith—Historia 1:17].
Su declaración fue sencilla pero positiva; y le sorprendió que
los hombres dudaran de su verdad. Para él, su afirmación era nada
más la expresión de un hecho sencillo; para el mundo cristiano
demostró ser un rayo que, al caerle encima, debilitó su
estructura religiosa desde la torre hasta los cimientos.
En ese primer mensaje hubo dos elementos importantes: primero,
que Dios es un Ser, una Persona, que comunica Su voluntad
al hombre; y segundo, que no había credo en la cristiandad
que tuviera el verdadero plan de salvación.
La aparición del Padre y el Hijo a José Smith es el fundamento
de esta Iglesia. En ello consiste el secreto de su fortaleza y su
vitalidad. Esto es verdad, y así lo testifico. Aquella revelación
por sí sola responde a todas las investigaciones científicas con
respecto a Dios y a Su personalidad divina. ¿Se dan cuenta de lo
que eso significa? Se ha contestado el interrogante de lo que
Dios es; la relación que tiene con Sus hijos es clara; es evidente
el interés que tiene en la humanidad a través de la autoridad
delegada al hombre. El futuro de la obra está asegurado.
Ésta y otras verdades maravillosas
quedaron aclaradas por aquella
gloriosa Primera Visión.
El mundo todavía no comprende su trascendencia; pero
como factor contribuyente al conocimiento del hombre de su relación
con la Deidad y del lugar que ocupa en el universo; como
medio de establecer relaciones apropiadas entre las personas
individualmente y entre los grupos que forman las naciones; como
una revelación que señala el camino hacia la felicidad del
hombre y hacia la paz en la tierra, así como en las eternidades
por venir, la aparición del Padre y el Hijo a José Smith con la
restauración
subsiguiente del sacerdocio y el establecimiento de la
Iglesia de Jesucristo en su plenitud, algún día se reconocerán no
sólo como el acontecimiento más grandioso del siglo diecinueve
sino como uno de los más grandiosos de todas las épocas

La aparición del
Padre y del Hijo a José Smith es el
fundamento de esta
Iglesia. En ello consiste el
secreto de su
fortaleza y su vitalidad.
El Señor
restauró verdades del Evangelio
por medio del profeta José Smith.
Es de José Smith que deseo hablar, no sólo como un gran
hombre, sino como siervo inspirado del Señor… Ciertamente,
su grandeza consiste en la inspiración divina…
Nadie puede estudiar analítica e inteligentemente el
Evangelio restaurado de Jesucristo sin quedar profundamente
impresionado por la armonía que hay entre sus enseñanzas y las
impartidas por el Señor y Salvador cuando estuvo en la tierra
con Sus discípulos. Consideremos, por ejemplo, la revelación
del Profeta con respecto al Creador, Dios,
un Ser inteligente que es, como
enseñó Jesús,
“Padre nuestro… en los cielos” [véase
Mateo 6:9]…
La doctrina que enseñó José Smith de que Jesucristo es el
Unigénito del Padre, el Salvador del mundo, es idéntica a las
enseñanzas del mismo Jesús y de Sus Apóstoles.
También lo es su doctrina de la continuación de la personalidad
después de la muerte…
La misma armonía se encuentra en las enseñanzas de otros
principios del Evangelio como la fe, el arrepentimiento, el bautismo,
la imposición de manos para comunicar el don del
Espíritu Santo, la ordenación al
sacerdocio, sus enseñanzas sobre
“conocimiento… dominio propio… piedad… afecto fraternal,
amor”, etc. [véase 2 Pedro 1:5–7; D. y C. 4:6]...
…Los que promueven el bautismo de los niños pequeños enseñaban
lo siguiente: “Los niños que vienen al mundo no sólo
carecen de conocimiento, rectitud y santidad, sino que también
tienen una inclinación natural hacia el mal, y sólo hacia el mal”.
…El profeta José Smith dijo, hablando elocuente e intrépidamente
y como alguien que tiene la seguridad de estar en lo
correcto: “…los niños pequeños son santos, porque son santificados
por la expiación de Jesucristo…” [D. y C. 74:7]9.
La inspiración divina es evidente… en [el] glorioso anuncio
[de José Smith] de la naturaleza eterna de convenios y ceremonias
y de la oportunidad de salvación que tiene todo ser humano.
La Iglesia no excluye sino que incluye a toda alma que acepte
sus principios… Toda la humanidad se salvará por medio de la
obediencia a las leyes y las ordenanzas del Evangelio; hasta los
que han muerto sin ley serán juzgados sin ley. Con ese fin se ha
revelado la ordenanza de la salvación para los muertos.
La condición eterna del convenio del matrimonio es una revelación
gloriosa que brinda tranquilidad a los corazones ligados
por los preciosos lazos del amor y sellados por la autoridad del
Santo Sacerdocio a fin de que su unión sea eterna.
Otros convenios también continúan con el progreso eterno a
través de las épocas de la eternidad.
José Smith no habría podido lograr todo eso sólo con su
propio conocimiento, intelecto e influencia. No habría podido
hacerlo10.
El Señor ha revelado en nuestros días el plan de salvación,
que no es ni más ni menos que la vía hacia el reino espiritual
desarrollando
un carácter que sea digno de entrar en Su reino. Ese
plan es el Evangelio de Jesucristo que fue restaurado al profeta
José Smith, y que es ideal y completo.
La Iglesia
restaurada de Jesucristo es evidencia de la
divina inspiración del profeta José.
Alrededor de 1820, el fervor religioso llevó a José Smith a
buscar la iglesia verdadera, la forma apropiada de adorar al Señor,
la manera correcta de vivir.
El deseo de saber impulsó al
jovencito a acercarse al Señor en oración sincera.
Uno de los resultados de la respuesta
que recibió fue la organización de la
Iglesia, en la casa de Peter Whitmer… el 6 de abril de 1830. En esa
organización se encuentra la
totalidad del plan para la salvación del hombre.
Consideremos esa organización como una de las evidencias de su
inspiración… Ha sobrevivido los
pánicos financieros, las revueltas
sociales y la agitación religiosa; y
actualmente se destaca como un
medio de suplir las necesidades más
grandes de la humanidad…
“...La Iglesia de Jesucristo fue organizada de acuerdo con el orden
de la Iglesia que se describe en el
Nuevo Testamento”, dijo
José Smith [véase History of the Church, 1:79]. Las obras prácticas
y benéficas de esta organización prueban su autenticidad divina.
Hace muchos años, José Smith, un muchachito que apenas tenía
entre catorce y quince años, declaró que, como respuesta a
una oración, había recibido una revelación de Dios… El resultado
de sus palabras fue hostilidad inmediata de parte del mundo
religioso. En poco tiempo, él había quedado solo.
Solo, ¡y sin el conocimiento ni la filosofía de su época!
Solo, ¡e ignorante de las artes y las ciencias!
Solo, sin un filósofo que lo instruyera ni un ministro que lo
guiara. Con sencillez y bondad, él se había apresurado a comunicar
a esos hombres su glorioso mensaje; y con desprecio y burla,
ellos se habían alejado de él diciendo que todo provenía del
diablo, que no existía tal cosa como visiones ni revelaciones en
esta época; que todo eso había cesado con los Apóstoles y no
volvería a suceder [véase José Smith—Historia 1:21].

El
resultado de la guía divina que recibió [José Smith]
fue
la seguridad de la rectitud de lo que enseñaba
y
la intrepidez para proclamarlo.
En consecuencia, se quedó solo para
embarcarse en el océano
de la doctrina religiosa, después de haber rechazado todas
las naves conocidas en las cuales navegar, sin haber construido
ninguna y sin siquiera haber visto construir una; si fuera un
impostor, sin duda la embarcación que hubiera podido construir
habría sido ciertamente muy rústica.
Por otra parte, si lo que construyó poseía excelencia y superioridad
sobre lo que los eruditos y filósofos habían dado al
mundo en los siglos anteriores, la gente se vería forzada por lo
menos a exclamar con sorpresa: ¿De
dónde sacó este hombre
esta sabiduría?
Por lo tanto, es evidente que a pesar de que parecía estar solo,
solamente lo estaba como Moisés en Sinaí o como Jesús en el
Monte de los Olivos. Como le sucedió al Maestro, las instrucciones
que recibió el Profeta no provenían de canales humanos sino
directamente de Dios, la fuente de toda inteligencia. Dijo él:
“Soy como una piedra áspera. El martillo y el cincel nunca habían
dejado oír sus golpes en mí hasta que el Señor me tomó en
Sus manos. Deseo recibir solamente conocimiento y sabiduría
del cielo” [History of the Church, 5:423]…
Si se confirma su afirmación de haber recibido revelación de
Dios, no deja lugar a dudas con respecto a su autoridad para
organizar la Iglesia de Jesucristo en la tierra y para administrar
con potestad los principios y ordenanzas en ella comprendidos.
De ese modo, en los comienzos mismos de esta gran obra de los
últimos días se colocó la inmutable piedra angular de la Iglesia
de Cristo en esta dispensación, [o sea,] la autoridad para oficiar
en el nombre de Jesucristo en todos los asuntos pertinentes a la
Iglesia.
Al considerar los extraordinarios logros [de José Smith]
durante el breve período de los catorce años transcurridos entre
la organización de la Iglesia y su martirio; al contemplar la
armonía
perfecta del Evangelio restaurado con la Iglesia original
establecida por Jesús y Sus Apóstoles; al notar la aguda comprensión
que tenía el Profeta de los principios y las ordenanzas;
y al ver el incomparable plan y la eficiencia de la Iglesia
establecida
por la inspiración del Cristo cuyo nombre lleva, encontramos
la respuesta a la pregunta, “¿De dónde sacó este hombre
esta sabiduría?” en la conmovedora estrofa que dice:
Al
gran Profeta rindamos honores.
Fue ordenado por Cristo Jesús
a restaurar la verdad a los hombres
y entregar a los pueblos la luz.
[Véase Himnos, N° 15.]
El profeta José vivió y murió en
defensa
de las verdades que le fueron reveladas.
Los grandes hombres tienen la capacidad de ver claramente
los aspectos más profundos; disciernen la verdad; son independientes
para pensar; actúan con nobleza e influyen en los fuertes
para que los sigan. Los hombres mezquinos se burlan de
ellos, los ridiculizan y los persiguen; pero los críticos mueren y
pasan al olvido, mientras que el gran hombre vive para siempre.
Algunos de los contemporáneos de José Smith se burlaban de
él; otros lo admiraban; sus seguidores lo veneraban…
Nadie que sea imparcial puede estudiar la vida de este líder
religioso sin que le impresione el hecho de que él poseía abundantes
cualidades de verdadera grandeza, la fuente de las cuales
se encuentra en el deseo de conocer la voluntad de Dios y, cuando
la saben, en la determinación de cumplirla.
A través de todas las épocas, unos pocos líderes heroicos han
sido los primeros en descubrir la verdad, y muchas veces han
sacrificado
su vida para defenderla. El progreso de la humanidad
se ha debido a la percepción clara y al valor de esos intrépidos
líderes. En algún momento, han tenido que tomar la decisión de
negar, alterar o defender la verdad, una opción entre la vida fácil
y los privilegios o el ostracismo, la persecución e incluso la
muerte. Pedro y Juan tuvieron que enfrentarse a esa decisión
cuando fueron llevados prisioneros ante el sumo sacerdote
Anás. Fue necesario gran valor de su parte para testificar de
Cristo en presencia de los mismos hombres que lo habían condenado
a muerte [véase Hechos 4].
Cuando Pablo fue llevado encadenado como prisionero ante
el rey Agripa y su séquito, fue necesario un gran valor de su parte
para testificar que Cristo realmente padeció y que fue el primero
en resucitar de los muertos para mostrar la luz al pueblo y
a los gentiles [véase Hechos 26].
Fue necesario gran valor de parte de José Smith para testificar
al mundo incrédulo y endurecido la verdad de que Dios y Su
Hijo amado se le habían aparecido en una visión
Todos los hombres que han conmovido
al mundo han sido
personas capaces de mantenerse fieles a su conciencia, hombres
como Pedro, Santiago, Pablo y sus compañeros apóstoles de la
antigüedad, así como otros. Cuando los líderes religiosos de
Palmyra, Nueva York, se volvieron en contra del jovencito José
Smith por lo que había visto y oído en la Arboleda Sagrada, él dijo,
con el testimonio del Señor Jesús que guardaba en el corazón:
“…había visto una visión; yo lo sabía, y sabía que Dios lo
sabía; y no podía negarlo, ni osaría hacerlo…”[José Smith—
Historia 1:25].
José Smith fue fiel a su testimonio hasta el fin.
El resultado de la guía divina que recibió [José Smith] fue la
seguridad de la rectitud de lo que enseñaba y la intrepidez para
proclamarlo. Cuando José Smith enseñaba una doctrina, lo
hacía con autoridad. Para él, no importaba si estaba de acuerdo
o no con las ideas de los hombres, si estaba en armonía o en
oposición directa con las enseñanzas de las iglesias ortodoxas.
Lo que él había recibido lo dio al mundo sin tener en cuenta si
éste concordaba o no, si estaba en armonía o en discordia con
las creencias de las religiones o con las normas que prevalecían
en la sociedad. Y en la actualidad, al contemplar más de cien
años retrospectivamente, tenemos una buena oportunidad de
juzgar la excelencia de sus enseñanzas y de sacar nuestra propia
conclusión con respecto a la procedencia de la instrucción que él
recibió…
No sólo recibió guía e instrucción de la Fuente divina, sino que,
una vez recibidas, las defendió con resolución inquebrantable18.
A través de insultos, burlas, ataques, arrestos, encarcelamientos
y persecuciones que terminaron en el martirio, José Smith,
igual que Pedro y Pablo antes que él, continuamente se esforzó
hasta el máximo por seguir la luz que lo había hecho “participante[]
de la naturaleza divina” [2 Pedro 1:4].
La mejor sangre de este país se derramó en la inocencia. [El
profeta José] sabía que era inocente y conocía sus derechos;
también lo sabía su hermano Hyrum, así como John Taylor y
Willard Richards que estaban con él.
Pero por las mentiras tenebrosas
y condenables, él y su hermano Hyrum fueron asesinados.
...¿Y cuál era la actitud del Profeta en medio de todo eso?
Serena y similar a la de Cristo. Cuando iba hacia Carthage esa noche,
dijo:
“Voy como cordero al matadero; pero me siento tan sereno
como una mañana veraniega; mi conciencia se halla libre de
ofensas contra Dios y contra todos los hombres. Si me matan,
moriré inocente, y aún se dirá de mí: Fue asesinado a sangre
fría” [véase D. y C. 135:4]20.
La vida del Profeta, la de su hermano Hyrum el patriarca, y la
de cientos de miles de otras personas que aceptaron la verdad
[de la Primera Visión] son evidencia de que el plan de salvación,
tal como se afirma que Jesucristo lo reveló, sin ninguna duda
conduce a un carácter parecido al de Cristo. Esa revelación era
tan real para el Profeta y para su hermano Hyrum que, sin vacilación
alguna, sellaron su testimonio con su sangre
La obediencia a la Palabra
de Sabiduría
La Palabra de Sabiduría es una
parte vital del Evangelio,
que es el “poder de Dios para salvación”,
tanto la salvación física como la espiritual.
La Palabra de Sabiduría es un
claro mandamiento que se
recibió por revelación del Señor.
El 27 de febrero de 1833, el profeta
José Smith recibió la
revelación que se encuentra en la sección 89 de Doctrina y
Convenios… Quiero leer unos [versículos] de esa sección:
“He aquí, de cierto, así os dice el Señor: Por motivo de las
maldades y designios que existen y que existirán en el corazón
de hombres conspiradores en los últimos días, os he amonestado
y os prevengo, dándoos esta palabra de sabiduría por revelación:
“Que si entre vosotros hay quien beba vino o bebidas fuertes,
he aquí, no es bueno ni propio a los ojos de vuestro Padre, sino
cuando os reunís para ofrecerle vuestros sacramentos.
“Y he aquí, éste debe ser vino, sí, vino puro de la uva de la vid,
de vuestra propia hechura” [D. y C. 89:4–6]…
La cláusula que quiero destacar en particular es ésta: “Que
si… hay quien beba vino o bebidas fuertes, he aquí, no es bueno
ni propio a los ojos de vuestro Padre”. Esa es la palabra de Dios
a la gente de esta generación, y se destaca con tanta potencia como
las palabras del Salvador cuando dijo: “El que quiera hacer
la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo
hablo por mi propia cuenta” [Juan 7:17]. Santos de los Últimos
Días, ustedes saben que esas palabras del Salvador son la verdad;
testificamos que el que haga la voluntad de Dios obtendrá, tanto
en su corazón como en su manera de vivir, el testimonio de
que el Evangelio de Jesucristo es la verdad. Aceptamos estas
palabras del Salvador: “…si no os arrepentís, todos pereceréis
igualmente” [Lucas 13:3]. Aceptamos como verdaderas estas
verdades eternas, tan nítidamente expresadas. Tal vez no las vivamos
en su plenitud, pero como pueblo las aceptamos porque
son la palabra de Dios. Igualmente fuerte y eterna se destaca
esta verdad… “Las bebidas fuertes no
son buenas para el hombre”
[véase D. y C. 89:7]. Sin embargo, después de [todos los años]
que han pasado, durante los cuales esa doctrina se ha predicado
a alguna congregación de Israel todas las semanas, tal vez todos
los días, todavía encontramos entre nosotros algunos que, con
sus acciones, afirman que eso es bueno para el hombre.
Al estudiar ese versículo, me alegro de que el Señor no haya
dicho: “Las bebidas fuertes en exceso no son buenas” o “La ebriedad
no es buena”. Supongamos que Él hubiera debilitado la expresión
modificándola para decir: “Las bebidas fuertes en exceso,
o sea en grandes cantidades, no son buenas”; no pasaría mucho
tiempo antes de que nos justificáramos afirmando que un poco de
bebida está bien. Pero, igual que otras verdades eternas, se destaca
incondicionalmente: las bebidas fuertes no son buenas.
Pienso que el tabaco debería evitarse como la mordida de una
víbora de cascabel… El Señor ha dicho que el tabaco no es bueno para
el hombre, y eso debe ser suficiente
para los Santos de los Últimos Días.
Los miembros de la Iglesia que hayan formado el hábito de
usar tabaco o de tomar té y café, o ambas cosas, tienen la tendencia
a buscar excusas para complacerse en aquello que el
Señor ha dicho claramente que no es bueno para el hombre.
Cuando tratan de hacerlo, sólo ponen de manifiesto la debilidad
de su fe en las palabras del Señor, que se dieron como amonestación
y “sabiduría”, la obediencia a las cuales trae bendiciones
con tanta seguridad como si Él hubiera dicho: “No lo harás”.
La desobediencia a la Palabra de Sabiduría acarrea
consecuencias nocivas, tanto físicas como espirituales.
En el té y en el café hay una substancia que tiende a aumentar
el ritmo del corazón en el organismo humano, lo que a su vez aumenta
la rapidez de circulación de la sangre y de la respiración.
Esto da al cuerpo una sensación de calor y de excitación. Sin
embargo,
después de un rato, esa vivacidad temporaria pasa y el
cuerpo queda con una necesidad de descanso y recuperación mayor
de la que tenía antes de tomar la bebida. Los estimulantes son
para el organismo lo que es el látigo
para el caballo cansado:
causan un movimiento súbito, pero no proporcionan fortaleza
duradera ni nutrición natural. Muchas veces, los latigazos repetidos
sólo hacen más perezoso al caballo; y el empleo habitual de
bebidas fuertes, tabaco, té y café sólo hace que el cuerpo se
debilite
y se vuelva más dependiente de los estimulantes que le han
causado adicción.
El Señor ha dicho con palabras inconfundibles que esas substancias
no son buenas para el hombre. La ciencia afirma lo mismo.
Pero la palabra de Dios por sí sola debe ser suficiente para
todo fiel Santo de los Últimos Días6.
Su forma de reaccionar cuando se inciten sus apetitos e impulsos
indica qué tipo de carácter tiene. En esas reacciones se
revelan su potestad para gobernarse o su servilismo para ceder.
Por lo tanto, ese aspecto de la Palabra de Sabiduría que se refiere
a substancias tóxicas, drogas y estimulantes va más allá de
los efectos dañinos para el cuerpo y afecta la raíz misma de la
formación del carácter…
Durante los últimos cien años, el maravilloso avance de la
ciencia ha hecho posible que el hombre determine con experimentos
los efectos nocivos de substancias tóxicas y de drogas en
los nervios y los tejidos del cuerpo humano. La observación y la
experimentación han demostrado sus efectos en el carácter.
Todos esos experimentos y observaciones han comprobado la
verdad de… las palabras: “Las bebidas fuertes y el tabaco no son
buenos para el hombre”7.
Al recordar las influencias de mi juventud, creo que la más
grande fue la de memorizar estas importantes palabras: “Mi
espíritu no morará en un tabernáculo inmundo”.
Después hubo… otras, y todas fueron en forma de advertencias.
Recibí la primera siendo un muchacho, una vez que iba sentado
junto a mi padre mientras nos dirigíamos a Ogden en un
carro [tirado por caballos]. Poco antes de cruzar el río Ogden,
vimos
salir a un hombre de un bar que había del otro lado del río.
Lo reconocí; simpatizaba con él porque lo había visto trabajar en
el teatro local. Pero en esa oportunidad estaba bajo la influencia
del alcohol y supongo que habría estado así varios días.
Yo no sabía… que tomaba, pero después
de que se acercó a
mi padre llorando y pidiéndole cincuenta centavos para volver al
bar, lo vi alejarse tambaleante. Mientras cruzábamos el puente,
mi padre me dijo: “David, hace tiempo él y yo íbamos juntos a
hacer orientación familiar”.
Eso fue todo lo que dijo, pero fue para mí una advertencia
que nunca he olvidado sobre los efectos de la disipación [o ebriedad].
Poco tiempo después, un maestro nos [asignó] leer el relato
sobre un grupo de jóvenes que iban navegando por el río San
Lorenzo [en Canadá]… No puedo decirles quién era el autor ni
recuerdo el título, pero puedo hablarles de la memoria que ha
quedado grabada en mí de aquellos muchachos que iban tomando
y divirtiéndose en la embarcación, bajando por el conocido
río. Un hombre que estaba en la orilla, dándose cuenta del
peligro que había poco más adelante, les gritó: “¡Muchachos!
¡Los rápidos están muy cerca!”.
Ellos pasaron por alto la advertencia desafiantes. “¡Estamos
bien!”, contestaron; y continuaron con su jocosidad y sus bebidas.
Él volvió a advertirles: “¡Los rápidos están muy cerca!”, y de
nuevo no le prestaron atención.
De pronto, se encontraron en medio de los rápidos; de inmediato
empezaron a remar desesperadamente tratando de
acercarse a la orilla, pero ya era demasiado tarde. No recuerdo
más que las palabras del último párrafo, sólo que maldiciendo
y gritando en medio de las aguas turbulentas, cayeron por las
cataratas.
¿Deprimente el relato? Sí, lo es. Pero les aseguro que en la
corriente
de la vida hay muchas personas que van remando en esa
dirección. Nunca he olvidado esa historia
Los miembros tenemos el deber,
para con nosotros
mismos y para con la Iglesia, de obedecer y de enseñar
la Palabra de Sabiduría.
Todo hombre, toda mujer, debe llevar sobre sí parte de la
responsabilidad
de esta Iglesia… Estemos donde estemos… cualesquiera
que sean las circunstancias o asuntos de negocios en que
estemos envueltos, sea en las montañas o en otro lugar, si nos
vemos tentados una mañana fría a quebrantar la Palabra de
Sabiduría tomando unas tazas de té o café, determinémonos a
sentir entonces la responsabilidad de hacer lo correcto.
Cada uno de nosotros debe decirse: “La responsabilidad de ser
miembro de la Iglesia recae sobre mí, y no cederé. Aun cuando
nadie me vea, yo lo sé y Dios sabe si
cedo; y cada vez que cedo a
una debilidad me debilito un poco más y no siento respeto por
mí mismo”. Si están en los negocios y sus compañeros les dicen:
“¡Eh! Vamos a tomar una copa para brindar por este negocio o
aquella venta”, que su respuesta sea: ¡No, no! Aun cuando sientan
un fuerte deseo de hacerlo, sean hombres, sean Santos de los
Últimos Días y digan: “¡No! La responsabilidad de ser miembro
de la Iglesia recae sobre mí”10.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días permanece
absolutamente comprometida con la doctrina de que el
té, el café y las bebidas alcohólicas no son buenas para el hombre.
Los Santos de los Últimos Días fieles se refrenan de ceder al
tabaco o a la bebida, ya sea estimulante o alcohólica y, por ejemplo
y por precepto, enseñan a otras personas a hacer lo mismo.
La obediencia a la Palabra de
Sabiduría fortalece
el carácter y brinda felicidad.
La Iglesia exhorta a las personas a dominar sus apetitos, su
temperamento y su manera de hablar. Una persona no ofrece lo
mejor de sí cuando es esclavo de algún mal hábito; tampoco es
lo mejor que puede ser si vive para satisfacer sus pasiones. Ésa
es una de las razones por las que el Señor dio la revelación de la
Palabra de Sabiduría: para que desde la niñez los jóvenes de ambos
sexos puedan aprender a dominarse. Eso no siempre es fácil;
la juventud actual enfrenta enemigos —ideologías falsas y
prácticas inmorales… Es preciso una preparación sólida a fin de
enfrentar y conquistar a esos enemigos.
Todo jovencito de Sión, al salir de las aguas del bautismo, debe
saber que parte de su deber es resistirse a fumar un cigarrillo,
esté donde esté. A toda persona joven de la Iglesia se le
debe enseñar, al salir de las aguas del bautismo, que debe
resistirse a tomar bebidas alcohólicas cuando se las ofrezcan en
una reunión social. Todo miembro joven de la Iglesia debe saber
que el tabaco, en cualquier forma que sea, no se debe usar.
Debe resistir todos esos hábitos, no sólo por la bendición que
nuestro Padre promete a cambio, sino también por la fortaleza
que se adquiere para resistir tentaciones mayores.

El
presidente McKay exhortó a los Santos de los Últimos Días
a
enseñar a sus hijos y a otras personas la Palabra de Sabiduría
“por precepto y por ejemplo".
Una de las enseñanzas más prácticas
de la Iglesia con respecto
al [dominio propio] es la Palabra de Sabiduría. Es la verdad.
Trata especialmente de los apetitos. Muéstrenme un hombre
que tenga absoluto control de sus apetitos, que pueda resistir toda
tentación de usar estimulantes, alcohol, tabaco, mariguana u otras
drogas nocivas, y yo les mostraré un
hombre o un joven que de esa
manera ha desarrollado el poder de
dominar sus pasiones y deseos.
Por más que se hable de la Palabra de Sabiduría, ni en la Iglesia
ni en el mundo en general resultaría
nunca excesivo. Es una doctrina
dada al hombre para su felicidad y
beneficio. Es parte de la filosofía
de la vida… El que no la obedece se
roba a sí mismo la fortaleza
de cuerpo y de carácter a la que
tiene derecho.
La verdad es la lealtad a la rectitud, tal como la vemos; es
vivir nuestra vida con valor en
armonía con nuestros ideales;
siempre representa poder.
¿Qué substancias
nocivas y adictivas existen hoy que no se mencionan específicamente
en D. y C. 89? Las enseñanzas de la sección 89 y de los
profetas de los
últimos días, ¿cómo pueden guiarnos y fortalecernos para
que no usemos esas
substancias? Daniel 1:3–20; 1
Corintios 3:16–17;
D. y C. 89:1–21.
Cómo prepararse para el
matrimonio
y la familia eternos
Verdaderamente, con respecto al matrimonio,
no hay ideal más elevado al que los jóvenes puedan
aspirar que contemplarlo como una institución divina.

Los jóvenes de ambos sexos que
quieran tener la máxima
felicidad en su vida harían bien en
prepararse para ser dignos
de la clase de matrimonio que Dios ha
ordenado.
Se debe enseñar a los jóvenes la
naturaleza sagrada
del matrimonio y de la condición de padres.
Enseñen a los jóvenes que el matrimonio no es una institución
inventada por el hombre sino que es ordenado por Dios; y
que es una ceremonia sagrada y debe dársele la más seria
consideración
antes de entrar en ese contrato que implica la felicidad
o la desgracia por el resto de su vida. El matrimonio no es algo
que se pueda tomar a la ligera... ni dar por terminado ante la
primera
pequeña dificultad que se presente. Los jóvenes deben, al
menos, enfrentarlo con la sincera intención de edificar un hogar
que contribuya a ser el fuerte apoyo de una sociedad noble4.
Se debe enseñar a los jóvenes de ambos sexos las responsabilidades
y los ideales del matrimonio a fin de que se den cuenta de
que es un compromiso que lleva consigo una obligación y no un
arreglo que se pueda dar por terminado a capricho. Se les debe
enseñar que el amor puro entre los sexos opuestos es uno de los
elementos más nobles que existen, y
que traer al mundo hijos y
criarlos es el más elevado de todos los deberes humanos. En este
aspecto, los padres tienen la obligación de dar un ejemplo en el
hogar, para que los hijos vean y absorban el concepto de lo sagrado
de la vida familiar y de la responsabilidad que lleva implícita5.
[El propósito del matrimonio] es tener hijos y formar una familia.
Tengamos presente eso. Cientos de personas están ahora
diciendo, y cientos más dirán: “¿Cómo me voy a casar y mantener
a una esposa en el tipo de vida al que esté acostumbrada?
¿Cómo puedo estudiar y mantener a una familia? ¡Si ni siquiera
encuentro un lugar donde vivir!”
Ésas son preguntas lógicas... Estoy dispuesto a reconocer éstas
y otras dificultades y a responder a ellas, teniendo en cuenta
que el Señor ha dicho que “el matrimonio lo decretó Dios para
el hombre” [D. y C. 49:15]. Y repito, el propósito mismo del
matrimonio
es criar una familia y no sólo dar satisfacción al hombre
o a la mujer6.
Se dice que la vida mejor y más noble es aquella que aspira a
los ideales elevados. Verdaderamente, los jóvenes no podrían aspirar
a un ideal más elevado con respecto al matrimonio que el
de contemplarlo como una institución divina; el tener presente
ese ideal como norma es para ellos una protección en el período
del noviazgo, una influencia constante que los induce a refrenarse
de cualquier cosa que pueda impedirles ir al templo
para que su amor sea hecho perfecto en una unión firme y eterna;
los llevará a buscar la guía divina al elegir un compañero,
puesto que de una buena elección depende, en gran parte, su
felicidad
aquí y en el más allá. Eso hace que su corazón sea puro
y bueno, y los eleva hacia su Padre Celestial. Tal gozo está al
alcance
de la mayoría de los hombres y las mujeres si se fomentan
y atesoran en forma apropiada los ideales elevados del matrimonio y
el hogar.
Los jóvenes deben prepararse para
contraer matrimonio
y ser padres al llevar una vida limpia.
Cuando una pareja es bendecida con hijos, muchas veces la
salud de éstos depende del comportamiento de los padres antes
del matrimonio. En la prensa, desde
el púlpito y particularmente
en el hogar debería resonar con más frecuencia el mensaje de
que es en su juventud que los jóvenes de ambos sexos colocan
los cimientos de su felicidad o desgracia futura. En especial, todo
joven debe prepararse para la responsabilidad de la paternidad
manteniéndose limpio físicamente, a fin de asumir la
responsabilidad como persona honorable y adecuada para fundar
un hogar, y no como un cobarde y embustero. El joven que
tome sobre sí los deberes de la paternidad siendo indigno es
peor que un embustero. La felicidad de su esposa y de sus hijos
futuros depende de cómo haya vivido en su juventud.
Enseñemos también a las jovencitas que la maternidad es un
don divino, porque cuando contemplamos el poder de crear vida,
entramos en el ámbito de lo divino. Por lo tanto, es imprescindible
que las adolescentes se den cuenta de lo importante que
es mantener su cuerpo limpio y puro... Una madre no tiene derecho
a crear un obstáculo en la vida de un hijo por lo que en la
juventud le parezca un agradable pasatiempo o su derecho a
entregarse
al uso de drogas nocivas y a otras prácticas pecaminosas8.
La felicidad no comienza en el altar, sino en el período de la
juventud y el noviazgo; las semillas de esa felicidad se siembran
según la habilidad de dominar su pasión impulsiva. La castidad
debe ser la virtud predominante entre los jóvenes, un ideal que
el mundo no ha aceptado y que muchas personas mundanas no
creen que exista ni que los jóvenes consideren preciado9.
Uno de los males que predomina en el mundo actual es la falta
de castidad... El que no es casto en su juventud es desleal a la
confianza depositada en él por los padres de la joven; y la
jovencita
que no es casta es desleal a su futuro esposo y está colocando
cimientos de infelicidad, sospecha y discordia en el
hogar... Tengan en cuenta la eterna verdad de que la castidad es
una virtud que debe preciarse como uno de los logros más nobles
de la vida... Es un factor esencial para tener un hogar feliz.
No se pierde ningún prestigio por mantener con dignidad las
normas de la Iglesia. Ustedes pueden estar “en” el mundo y no
“ser del mundo”. ¡Mantengan la castidad por encima de todo lo
demás! Dios nos ha mandado ser castos.
En La Iglesia de Jesucristo de los
Santos de los Últimos Días
no existe más que una norma de moralidad. Ningún joven tiene
más derecho que una jovencita de faltar a la castidad. Cuando un
joven pide una recomendación para llevar al altar a una joven pura,
se
espera que él pueda brindar la misma
pureza que pretende recibir.
La fuente de armonía y felicidad en el hogar es la castidad, y
no la satisfacción de las pasiones en los años anteriores al
matrimonio; y es también el principal factor contribuyente a la
salud y la perpetuidad de la raza. Lealtad, confiabilidad, confianza,
amor por Dios y fidelidad hacia el ser humano son cualidades
relacionadas con la diadema que es parte de la corona de
la femineidad virtuosa y de la hombría [de bien]. La palabra del
Señor a Su Iglesia es que nos guardemos “sin mancha del mundo”
(véase Santiago 1:27; D. y C. 59:9)12.
Que Dios los bendiga para que se mantengan sin mancha, para
que se acerquen a Él en oración y le pidan guía para elegir
compañero; y una vez elegido, que ambos vivan de tal manera
que puedan entrar en la Casa de Dios donde, si Él estuviera presente
y les preguntara sobre su modo de vivir, pudieran contestar
honestamente: “Sí, somos limpios”. Un matrimonio que
parta de esa base les brindará felicidad y el mayor gozo que se
conozca en esta vida y a través de la eternidad.
Los jóvenes deben ser correctos al
salir con personas del
sexo opuesto y deben evaluar con cuidado sus sentimientos.
La gente joven, las jovencitas de enseñanza secundaria, salen
diariamente como novias con muchachos de su edad, adolescentes
todavía, y se privan de conocer mejor a otros compañeros;
y en ese noviazgo diario a tan temprana edad, intiman con
ellos de tal modo que provocan sus pasiones por una hora de
placer, acarreando sobre sí mismas una desgracia que puede durar
toda su vida. ¡Esto no es producto de la imaginación! Ustedes,
presidencias de estaca y obispados de barrio, y ustedes, padres
de algunos jóvenes, saben que no es una idea imaginaria.
Joven, cuando invites a una chica para llevarla a una fiesta,
recuerda siempre que sus padres te la confiaron; ella es su bien
más preciado. Si te hubieran confiado
mil dólares, no se te ocurriría
descuidarlos ni malgastarlos. Pero han puesto a tu cuidado
algo a lo que no se puede poner precio, y serías realmente muy
vil si trataras con deslealtad esa confianza... Recuerdo lo que me
dijo mi padre cuando, siendo adolescente, empecé a galantear a
una jovencita: “David, debes tratar a esa joven como querrías que un
muchacho tratara a tu hermana”.
Jóvenes, sigan ese consejo para
poder vivir con una conciencia limpia,
y más adelante podrán decir de
verdad que, a pesar de todos sus
errores, nunca dañaron a una jovencita.
Al elegir compañero, es importante analizar... a la persona
con la que estén pensando en recorrer la jornada de la vida.
Fíjense en lo importante que es buscar las características de
honradez,
lealtad, castidad y reverencia. Pero aun después de haberlas
encontrado, se preguntan: “¿Cómo puedo saber si existe
una afinidad, si hay algo que nos haga sentir felices en mutua
compañía?” “¿Habrá alguna guía para saberlo?”. Aun cuando el
amor no es siempre una guía confiable, especialmente si no es
retribuido o si se entrega a una persona grosera o cruel, sin
embargo, sin amor no hay felicidad. “Sí”, dirán ustedes,
“¿pero cómo sé si estoy
realmente enamorado?”
Y ésa es una pregunta muy importante...
En presencia de la joven a quien verdaderamente amen, no
sentirán la necesidad de suplicar; estando en su presencia no
intentarán aprovecharse de ella; en su presencia sentirán el
deseo de ser todo lo que un [gran hombre] puede llegar a ser,
porque ella les inspirará ese ideal. Y les pido a ustedes,
jovencitas,
que tengan para ustedes la misma guía.¿Qué les inspira él...?
Cuando un muchacho las acompaña a
casa después de una
reunión o de un baile, y demuestra la tendencia a usarlas para
su conveniencia o como medio de satisfacer sus deseos, pueden
estar seguras de que no lo hace motivado por el amor.
En esas circunstancias, no obstante lo fascinadas que puedan
estar con él, jovencitas, no obstante la seguridad que tengan de
que lo aman, dejen que su juicio prevalezca y domine sus
sentimientos.
Quizás sufran por no seguir los impulsos de su corazón, pero es
mejor
que sientan un poco de dolor en su
juventud y no que tengan que sufrir
grandes pesares que las torturen más
adelante.
A los que se preparen bien para un
matrimonio eterno
les esperan grandes bendiciones.
Los jóvenes de ambos sexos que quieran tener la máxima felicidad
en su vida harían bien en prepararse para ser dignos de la
clase de matrimonio que Dios ha ordenado: la unión de un hombre
y una mujer dignos de que su matrimonio se solemnice en el
templo del Altísimo. Allí, al arrodillarse los que se aman de verdad...
cada uno de ellos puede tener la seguridad de lo siguiente:
Primero, que su recorrido matrimonial comienza con pureza.
Los hijos que vayan a bendecir esa unión tienen asegurado un
nacimiento noble con respecto al hecho de heredar un cuerpo limpio.
Segundo, que comparten los mismos ideales religiosos. La dificultad
de criar a los hijos aumenta cuando el padre y la madre tienen
distintos puntos de vista en cuanto a
doctrina y afiliación religiosa.
Tercero, que hacen sus votos con la idea de una unión eterna
y no para romperlos ante cualquier mal entendido o problema.
Cuarto, que un convenio en el que se ha entrado en presencia
de Dios y que ha sido sellado por el Santo Sacerdocio es una
ligadura más fuerte que cualquier otra.
Quinto, que un matrimonio que tenga ese comienzo será tan eterno
como el amor, el atributo más divino
del alma humana.
Sexto, que esa unidad familiar continuará sin romperse a través
de la eternidad.
-
¿Por qué es
esencial la castidad para prepararse para un matrimonio
y una familia eternos?
-
La falta de
castidad, ¿qué efecto puede tener en la capacidad de
una persona para elegir con prudencia a un compañero eterno?
-
¿Qué proceso
debe seguirse para arrepentirse completamente
de la falta de castidad? ¿Qué bendiciones trae el mantenerse
casto?

Templo de Lima - Peru
ordenanzas del Evangelio
Sé que el Evangelio es divino y que el mundo lo necesita.
La fe en Jesucristo es el
principio
fundamental de la Iglesia.
La necesidad más trascendental que tiene el mundo de hoy es
una fe inalterable en Cristo3.
¿Qué significa mantener la fe? Quiere decir, en primer lugar,
que aceptamos a Jesucristo no sólo como un gran maestro, un
líder extraordinario, sino como el
Salvador, el Redentor del
mundo... El que mantenga la fe aceptará a Jesucristo como Hijo
de Dios, como Redentor del mundo. Quisiera que todos mantuvieran
esa fe. Creo que es fundamental para la felicidad y la paz
mental del hombre, que es el principio cardinal de la Iglesia de
Jesucristo4.
Ésa es la fe que tiene que haber sostenido a los once Apóstoles
y a por lo menos setenta discípulos que vieron a Cristo después
de Su resurrección. Ellos no tenían la más mínima duda en cuanto
a Su identidad; fueron testigos del hecho; sabían porque sus
ojos contemplaron, sus oídos oyeron, sus manos palparon la
presencia [corpórea] del Redentor resucitado.
Ésa es la fe inalterable que dio como resultado esta gloriosa
visión que tuvo el profeta José Smith:
“Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado
de él, éste es el testimonio, el último de todos, que nosotros
damos de él: ¡Que vive!
“Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; y oímos la voz
testificar
que él es el Unigénito del Padre;
“que por él, por medio de él y de él los mundos son y fueron
creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para
Dios” (D. y C. 76:22–24).
Los que tienen esa seguridad en el corazón lo aceptan como
“el Camino, y la Verdad, y la Vida”, como el único guía seguro en
este desconcertante universo5.
La fe en el Evangelio es el primer paso hacia el verdadero
conocimiento y, a través del sacrificio, conduce a la sabiduría y a
la felicidad6.
La fe en Dios, por supuesto, no puede ser más que algo personal.
Tiene que ser algo suyo, algo mío y, para ser eficaz, debe
brotar de la mente y del corazón7.
Lo que necesitamos actualmente es fe en el Cristo viviente, lo
cual es más que un simple sentimiento; es una fuerza que nos
mueve a la acción, una fe que da propósito a la vida y valor al
corazón. Necesitamos un Evangelio que se aplique.
La Iglesia no acepta la doctrina de
que limitarse a proclamar
la creencia en Jesucristo sea todo lo que se necesita para la
salvación.
Una persona puede decir que cree, pero si no hace nada
para que esa creencia o fe sea un poder motivador para la acción,
para lograr algo, para el progreso del alma, su declaración
no le servirá de nada. “Ocupaos en vuestra propia salvación” es
una admonición para que demostremos por la acción, por un
esfuerzo deliberado y obediente, la realidad de la fe.
El arrepentimiento implica un
cambio de vida,
de pensamiento y de acción.
Es inconcebible que alguien pueda
siquiera cuestionar lo
esencial del arrepentimiento. Todo principio del Evangelio que
se estudie concienzudamente revela una armonía con la verdad
que es sencillamente sublime. Cada uno de ellos parece abarcarlo
todo, cada uno conduce a otros principios o abraza otros
principios. Por eso, la fe en un Ser perfecto, que nos inspira a
vivir con rectitud, tiene que incluir el arrepentimiento10.
El mensaje de [la Iglesia] tiene por objeto ayudar a las personas
a reconocer sus debilidades y a sobreponerse a ellas y a sus
pecados. No tenemos tiempo ahora de analizar lo que es el
pecado, pero supuestamente fue la madre de Juan Wesley [un
notable teólogo y reformador] que dijo:
“¿Quieres juzgar entre lo legal o ilegal del placer? Rígete por
lo siguiente: Cualquier cosa que te debilite la razón, que estorbe
la sensibilidad de tu conciencia, que oscurezca tu percepción
de Dios, que te apague la sed de lo espiritual, cualquier cosa que
aumente el poder de tu cuerpo sobre tu mente, eso es pecado
para ti, por inocente que parezca en sí mismo”.
El mensaje de [los misioneros] que van a todas partes, el
mensaje de la Iglesia para todo el mundo es: Arrepiéntanse de
todo lo que contribuya a la superioridad de los sentidos físicos
sobre su amor por lo espiritual. ¡Por eso anuncian el
arrepentimiento!
¿Y qué significa el arrepentimiento? Un cambio de vida,
un cambio de pensamientos, un cambio de acciones. Si se han
sentido enojados y con odio, cambien ese odio y hostilidad por
el amor y la consideración; si han engañado a un hermano
dejen que la conciencia los dirija y
los cambie; vayan a pedirle
perdón y nunca vuelvan a hacer algo similar.

“El
arrepentimiento es el alejamiento de aquello que
sea
bajo y el esfuerzo por alcanzar lo más elevado”.
Cambiando de ese modo todo lo
que esté en un plano animal,
se arrepienten de sus pecados. Si han
sido profanos con la Deidad,
¡no lo hagan nunca más! En lugar de
profanar Su nombre, ¡adórenlo!
Y una vez que ese sentido del cambio
llene el alma, desearán
nacer de nuevo, tener una nueva vida...
Ese cambio de vida, ese arrepentimiento, es lo que el mundo
necesita. Es un cambio de corazón. Las personas deben cambiar
su modo de pensar, su modo de sentir. En lugar de odiar, pelearse
y destruirse unos a otros, deben aprender a amar.
El arrepentimiento es el alejamiento
de aquello que sea bajo y el
esfuerzo por alcanzar lo más elevado.
Como principio de salvación,
implica no solamente el deseo de algo mejor, sino también el pesar
-no sólo remordimiento-, verdadero
pesar por haberse contaminado
en lo más mínimo con cosas
pecaminosas, viles o despreciables.
No es raro que la gente sienta remordimiento por los errores
cometidos, por insensateces o pecados, pero que no se aleje de
esos errores y maldades. Pueden incluso volverse penitentes,
pero según se nos dice, “la penitencia es temporaria y no implica
necesariamente un cambio de carácter o de conducta”. Por otra parte,
“el arrepentimiento es pesar por el
pecado cometido, con un sentido
de condenación propia y un
alejamiento total de la transgresión”.
Por lo tanto, es mucho más que un
simple remordimiento “ y
comprende un cambio en la naturaleza
de la persona
para acercarla más al cielo.
La fe y el arrepentimiento
verdaderos
conducen al bautismo
Una persona que estaba a punto de
bautizarse, de pie a la orilla
del agua, antes de sepultarse con Cristo en el bautismo, poseía
ya una fe implícita en que la Iglesia de Jesucristo está
establecida en la tierra y que es la mejor organización del mundo
para promover la vida espiritual, para el verdadero desarrollo
religioso, para la salvación del alma.
Repito, la persona tenía dentro de sí esa fe implícita, y con
ella, un verdadero arrepentimiento, el cual llevaba aparejado el
deseo de dejar de lado todo lo de su vida anterior que fuera
contrario
a las enseñanzas del Evangelio o de la Iglesia. Se había
arrepentido de su vida pasada y de los pecados relacionados con
ella, si los había, y contemplaba con esperanza el momento de
nacer de nuevo en el reino de Dios. Estaba a punto de pasar por
la ordenanza del bautismo, símbolo de la sepultura de su antigua
vida y con ella, de todas las imperfecciones, las debilidades,
las malas acciones, los pecados pertinentes a aquel pasado.
Estaba por ser sepultado en el bautismo, para que así como
Cristo fue levantado de los muertos por el poder y la gloria del
Padre, así también pudiera salir a
una vida nueva, como miembro
de la Iglesia de Dios, como hijo del Padre, como ciudadano
en el reino de Cristo. Por el bautismo nació de nuevo y se hizo
un digno recipiente del Espíritu Santo. Su cuerpo salió renovado
del agua, se le confirió el Espíritu Santo y fue confirmado
miembro de la Iglesia de Jesucristo. Ahí estuvimos todos nosotros
en cierto momento; esos fueron nuestros sentimientos,
nuestra fe, nuestra esperanza.
Jesús le dijo a Nicodemo: “...el que no naciere de agua y del
Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5).
Pablo y Pedro escribieron lo siguiente a los miembros de la
Iglesia: “Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;
porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo
estáis revestidos” (Gálatas 3:26–27). “El bautismo que corresponde
a esto ahora nos salva... por la resurrección de Jesucristo” (1
Pedro 3:21).
En esos tres casos hemos aclarado el propósito triple de la
ordenanza del bautismo, [a saber]:
-
Es un rito establecido por
Dios mismo y relacionado con el principio eterno de la
rectitud, la obediencia a la ley, establecido, por lo tanto,
para la salvación del hombre.
-
Es una ordenanza iniciadora,
la puerta de entrada para ser miembro del rebaño de Cristo.
-
Es un símbolo hermoso y
sublime que representa la sepultura del hombre “viejo”, con
todas sus debilidades e impurezas, y su renacimiento a una
vida nueva.
La ordenanza del bautismo es una ley
de Dios, y obedecerla
con sinceridad, con pureza y sencillez brinda inevitablemente la
prometida bendición del Consolador, un Guía divino... Aunque el
hombre se burle, lo ridiculice y dude
de su eficacia, el bautismo
sigue siendo siempre, aun en su simplicidad, no sólo uno de
los más hermosos símbolos que se conocen, sino también una
de las leyes más eficaces para la salvación del hombre.
Que Dios nos ayude a todos a proclamar al mundo la necesidad
del arrepentimiento y la importancia del bautismo; primero,
para cumplir toda justicia; segundo, como la entrada al reino de
Dios, la puerta de Su Iglesia; y
tercero, para sepultar nuestra
antigua vida y ser guiados por Su
Santo Espíritu.
Después de ejercer sinceramente la
fe, arrepentirnos
y ser bautizados, recibimos el don del Espíritu Santo.
Sólo los que crean sinceramente en Jesucristo como Redentor
del mundo y se arrepientan de sus pecados recibirán el Espíritu
Santo. Los que se bautizan sin fe ni arrepentimiento son nada
más que simuladores.
El canal de comunicación está abierto y el Señor está dispuesto
a guiar a Su pueblo, y lo guía... El testimonio del Espíritu
Santo es un privilegio especial. Es como sintonizar una radio y
escuchar una voz que está al otro lado del mundo; las personas
que no se encuentren en esa onda no la oirán, pero nosotros la
oímos y tenemos derecho a esa voz y a su guía. La recibiremos si
hacemos la parte que nos corresponde.
Que Dios nos ayude a todos a mantener nuestra conciencia
clara, nuestro carácter íntegro y en armonía con las impresiones
del Espíritu Santo, que es real; todo lo que tenemos que hacer
es escucharlo.
Les testifico que la inspiración divina es una realidad. A los
hombres y a las mujeres que obedecen los principios de vida y
salvación, se arrepienten sinceramente de sus pecados y de igual
manera se esfuerzan por vivir de acuerdo con los principios del
Evangelio, el Espíritu Santo los guía y los inspira, y les muestra
las cosas por venir. Testifico que esa guía existe en esta Iglesia y
ha existido desde que el profeta José Smith la estableció.
Los Santos de los Últimos Días han aprendido la verdad de
que el Evangelio eterno ha sido restaurado. ¿Y qué les brinda ese
conocimiento? A todos los que honrada y sinceramente obedecen
los principios del arrepentimiento y del bautismo, les ha traído
el don del Espíritu Santo, que les ilumina la mente, les aviva
el entendimiento y les imparte el conocimiento de Cristo.
En su deseo por saber cuál es su deber, los Santos de los Últimos
Días tienen una guía, una ayuda, un medio de contribuir a
su propia obtención de la verdad; ayuda que el mundo no posee.
Esa guía es indispensable; el hombre
por sí solo no puede hallar
la verdad, no puede conocer a Dios valiéndose solamente del
intelecto. Se ha dicho que una persona no puede encontrar a
Dios con un microscopio. La razón en sí misma no es guía suficiente
en la búsqueda de la verdad; existe otra guía más elevada
y más segura...[La fe es] el principio que pone a nuestro
espíritu en comunión con el Espíritu
Superior,
el que nos trae a la memoria todo lo
que hemos aprendido,
nos muestra lo que ha de venir y nos
enseña todas las cosas.
El Santo de los Últimos Días que
quiera conocer la
verdad tiene la responsabilidad de
buscar ese Espíritu.
El albedrío y la responsabilidad
Debido a que nuestro Padre
Celestial nos ha dado el
don del albedrío, podemos optar
por seguir a Jesucristo.
El don eterno del albedrío nos
permite progresar
y alcanzar la exaltación.
El libre albedrío es la fuente de origen del progreso del alma.
El propósito del Señor es que el hombre llegue a ser como Él; a fin
de
que el ser humano logre eso, era
necesario que el Creador lo hiciera libre.
En el [libro de Apocalipsis] hay una importante referencia a
“una gran batalla en el cielo” (Apocalipsis 12:7). No sólo son
significativas
esas palabras, sino que parecen contradictorias, porque
al pensar en el cielo lo imaginamos como una morada de
absoluta felicidad, una condición en la que parecería imposible
que existiera la guerra o la contención. Lo que dice es
significativo
porque implica que en el mundo espiritual había libertad de
elección y de acción. En La Perla de Gran Precio se nos relata lo
siguiente: “Pues, por motivo de que Satanás se rebeló contra mí,
y pretendió destruir el albedrío del hombre que yo, Dios el Señor,
le
habíadado, y que también le diera mi
propio poder, hice que fuese
echado abajo por el poder de mi
Unigénito; “y llegó a ser Satanás,
sí, el diablo, el padre de todas las
mentiras, para engañar y cegar a
los hombres y llevarlos cautivos
según la voluntad de él, sí, a
cuantos no quieran escuchar mi voz” (Moisés
4:3–4).
Hay dos puntos que notarán en ese
pasaje: primero, que
Satanás estaba decidido a destruir el albedrío del hombre. El
libre albedrío es un don de Dios y es parte de Su divinidad. El
segundo punto es que él quería suplantar a Dios, y cito sus
palabras: “Dame tu gloria” [véase Moisés 4:1].
El mundo no comprende la trascendencia que ese don divino
tiene para el individuo. Es tan inherente a él como la inteligencia
que, según se nos dice, nunca ha sido ni puede ser creada
[véase D. y C. 93:29]4.
La libre voluntad y la responsabilidad relacionada con ella son
aspectos fundamentales de las enseñanzas de Jesús. A lo largo de
Su ministerio, Él hizo hincapié en el valor del individuo y
ejemplificó
lo que ahora se expresa en la revelación moderna como
la obra y la gloria de Dios: “Llevar a cabo la inmortalidad y la
vida
eterna del hombre” [Moisés 1:39]. Ese progreso es posible solamente
por medio del don divino de la libertad del alma.
La fuerza, por otra parte, procede del mismo Lucifer. Incluso
durante el estado [preterrenal] del hombre, Satanás sugirió que
se dejara de lado el albedrío tratando de emplear poder para forzar
a la familia humana a hacer su voluntad. Si su plan se hubiera
aceptado, los seres humanos habrían sido como títeres en
manos de un dictador y se habría frustrado así el propósito de
que el hombre viniera a la tierra. En consecuencia, el sistema de
gobierno propuesto por Satanás se rechazó, y se estableció el
principio del libre albedrío5.
Aunque el Señor ha creado el universo y todo lo que en él hay,
“el hombre es la joya de Dios”. Ésta es sólo una manera de decir
que la tierra fue creada para el hombre y no el hombre para la
tierra. Dios dio al ser humano parte de Su divinidad; le dio la
potestad
de escoger y no hay otra criatura en el mundo que la tenga.
Y así puso sobre los hombros del individuo la obligación de
conducirse como un ser eterno. No es posible pensar en un don
más grandioso para el hombre o la mujer que la libertad de escoger.
Ustedes son los únicos responsables y, al poseer y ejercer
esa libre elección, su carácter progresa, mejora su inteligencia,
se acercan a la divinidad y finalmente podrán alcanzar la exaltación.
Ésa es una gran obligación y pocas personas la aprecian.
Los caminos están claramente
demarcados: uno ofrece una existencia
animal; el otro una vida abundante. Y, sin embargo, el
hombre, la creación más grande de Dios, muchas veces se contenta
con degradarse en el plano animal6.
En segundo lugar, después de la concesión de la vida misma,
el don más grande que Dios ha dado al hombre es el derecho de
dirigir esa vida... La libertad de elección debe estimarse más que
cualquier posesión terrenal; es inherente al espíritu del hombre;
es un don divino... Ya sea que se nazca en absoluta pobreza o que
desde el nacimiento se esté
encadenado a riquezas heredadas, toda
persona posee esa dote, la más
preciosa de todas las de esta vida:
el don del libre albedrío, el derecho
heredado e inalienable del hombre.
Las referencias que aparecen en las Escrituras indican que el
albedrío es (1) esencial para la salvación del hombre; y (2) que
puede convertirse en la medida por la cual se juzguen las acciones
de las personas, las organizaciones y las naciones.
Con el albedrío, se recibe la
responsabilidad individual
de cumplir el verdadero propósito de la vida.
Toda persona tiene la responsabilidad individual de escoger el
camino de la rectitud, la fidelidad y el deber hacia su prójimo; si
[elige] otra cosa y, como resultado, se [encuentra] con el fracaso,
la desgracia y la muerte, ella es la única culpable. Como lo
dijo el presidente [Brigham] Young en una ocasión:
“Si el hermano Brigham toma un camino equivocado y queda
fuera del reino de los cielos, nadie tendrá la culpa sino el hermano
Brigham. Yo seré el único ser a quien culpar por ello en el
cielo, en la tierra o en el infierno.
“Eso se aplica igualmente a todo Santo de los Últimos Días. La
salvación es algo de ejecución individual... Cuando se me ofrece,
puedo rechazarla o recibirla; al aceptarla, estoy dispuesto a rendir
durante toda mi vida obediencia y sumisión implícitas a su gran
Autor y a todos los que Él haya
nombrado para dirigirme; al rechazarla,
sigo los dictados de mi propia
voluntad en lugar de la voluntad de mi Creador”
[Discourses of Brigham Young,
por John A. Witdsoe,1954, pág.390].
Junto con el libre albedrío viene la responsabilidad. Si se va a
recompensar a una persona por la rectitud y a castigarla por la
maldad, la justicia común exige que se le dé la potestad de una
acción independiente. El conocimiento del bien y del mal es
esencial para el progreso del hombre en la tierra; si se le obligara
a hacer lo bueno continuamente o si fuera irremisiblemente
atraído a cometer pecado, no merecería ni una bendición por lo
primero ni un castigo por lo segundo...
La responsabilidad del hombre está en proporción directa con
su libre albedrío. Las acciones que estén en armonía con la ley
divina y con las leyes de la naturaleza brindarán felicidad,
mientras
que aquellas que estén en oposición a la verdad divina acarrearán
desgracia. El hombre es responsable no sólo de todos sus hechos,
sino también de toda palabra y
todo pensamiento inútil. El Salvador dijo:
“...de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella
darán cuenta en el día del juicio” (Mateo 12:36)10.
La tierra, con toda su majestad y maravillas, no es el
propósito
de la Creación. “...es... mi gloria”, dice el Señor mismo, “llevar
a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”
(Moisés 1:39). Y al ejercer el divino don del libre albedrío, el
hombre debe sentir el deber, percibir la obligación de ayudar al
Creador a lograr ese propósito divino.
El verdadero objetivo de la vida no es simplemente limitarse
a existir, ni es el placer, ni la fama, ni las riquezas. El
verdadero
propósito de la vida es la perfección de la humanidad por medio
del esfuerzo personal y con la guía de la inspiración de Dios.
Hay algunas cosas sencillas pero fundamentales que toda persona
puede hacer; una de ellas es que cada una se labre su propia
salvación. Una de las doctrinas que se destacan en la Iglesia
es que todo individuo tiene esa responsabilidad y que la salvación
del hombre es un proceso de desarrollo gradual...
Debemos buscar la fortaleza y la gracia de Dios a fin de tener la
inspiración para obtener la victoria final.
No obstante, labrar la propia salvación no es sentarse sin hacer
nada, soñando y anhelando que Dios derrame milagrosamente
sobre nosotros abundantes bendiciones; es llevar a cabo
diariamente, hora tras hora, de inmediato si es necesario, la tarea
o el deber que tengamos entre manos, y continuar con ánimo
nuestras labores en el correr de los años, dejando que sus
frutos se concedan, ya sea a nosotros o a los demás, según lo
determine
el Padre justo y bondadoso.
No hago caso omiso al versículo que dice: “...por gracia sois
salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de
Dios” [Efesios 2:8]. Eso es absolutamente verdad, puesto que al
tomar sobre sí la condición mortal, el hombre quedó [imposibilitado]
de salvarse por sí solo; dejado para andar a tientas en
un estado natural se iba a volver, y se volvió “carnal, sensual y
diabólico por naturaleza” [véase Alma 42:10]. Pero el Señor,
mediante Su gracia, vino al hombre y le dio el Evangelio, el plan
eterno por el cual puede elevarse por
encima de lo carnal y egoísta
de la vida y alcanzar la perfección espiritual. No obstante,
debe elevarse por sus propios
esfuerzos y debe andar por la fe

“En este mundo ha habido sólo un carácter
perfecto: la inigualable personalidad
de Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, el
Redentor del mundo. Nadie podría
tomar un mejor camino que el de aceptar
a Cristo como el grandioso Ejemplo y el
Guía más seguro”.
La opción de obedecer los
principios del Evangelio
brinda felicidad, paz y salvación.
El conformarse a la palabra o la ley del Señor contribuirá
invariablemente a la felicidad y la salvación del hombre. Se nos
dice que los que no hagan lo que Él manda estarán sujetos a la
justicia y el juicio; en otras palabras, en el mundo moral está en
eterno funcionamiento una ley de compensación y retribución:
la compensación, en proporción directa con la obediencia a la
ley; la retribución, a la medida exacta de la desobediencia13.
La paz de Cristo no se recibe procurando las cosas superficiales
de la vida; tampoco se obtiene a menos que surja del corazón
de la persona. Jesús dijo a Sus discípulos: “La paz os dejo,
mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da” [Juan
14:27]. De ese modo, el Hijo del Hombre, como ejecutor de su
propio testamento, dio a Sus discípulos y a la humanidad “la primera
de todas las bendiciones humanas”; fue un legado condicionado
a la obediencia a los principios del Evangelio de
Jesucristo, y así se legó a toda persona. Nadie puede estar en paz
consigo mismo y con su Dios si no es fiel a lo mejor de sí mismo,
si infringe la ley de la justicia ya sea satisfaciendo sus pasiones,
sus apetitos y cediendo a la tentación contra los dictados
acusadores de su conciencia, o en el trato de sus semejantes
cuando no es leal a la confianza que se ha depositado en él.
La paz no llega al transgresor de la
ley; la paz se recibe por la
obediencia a la ley, y ése es el
mensaje que Jesús quiere que
proclamemos entre los hombres.
Jesucristo, el Salvador del mundo,
nos ha dado los medios por los cuales
el hombre puede obtener
felicidad y paz eternas en el reino
de nuestro Padre, pero debe
labrar su propia salvación mediante
la obediencia a los eternos
principios y ordenanzas del Evangelio.
Como integrantes de la sociedad,
debemos apreciar la
libertad y fomentar las formas de emplearla
responsablemente.
La libertad de palabra, la libertad de acción, dentro de límites
que no infrinjan la libertad de los demás, son... dones divinos
“esenciales para la dignidad y la felicidad humanas”.
La libertad puede ser útil o fatal, según el uso que hagamos de
ella... “La libertad es el ambiente de una vida más elevada... es
respeto... El hombre debe ser capaz de poseerla y digno de ella,
de lo contrario la vida en sociedad se hace imposible”17.
La verdadera libertad consiste en disfrutar de todo derecho
que contribuya a la paz y la felicidad, siempre que el ejercicio de
ese privilegio no interfiera con el mismo privilegio de otras
personas;
consiste en hacer no lo que nos guste, sino lo que debamos
hacer; es el derecho de todo individuo de ser dueño de su
propio tiempo y acciones, siempre que estén de acuerdo con la
equidad y la justicia hacia sus semejantes y en armonía con las
leyes de Dios... Es la libertad de opción, un don divino, un
elemento
esencial de una sociedad pacífica18.
En estos tiempos inciertos y agitados, la mayor responsabilidad
y el deber sobresaliente de los amantes de la libertad es preservar
y proclamar esa independencia del individuo, su relación con
la Deidad y... la necesidad de la obediencia a los principios del
Evangelio de Jesucristo; sólo así podrá la humanidad hallar paz y
felicidad.
Si queremos hacer que el mundo mejore, fomentemos un
aprecio más profundo por... la independencia y la libertad

“Las acciones que estén en armonía con la
ley divina
y con las leyes de la naturaleza brindarán
felicidad,
mientras que aquellas que estén en
oposición a la
verdad divina acarrearán desgracia”. |